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title: "LA LEYENDA DEL GIGANTE"
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description: "Alguna vez llegó a nuestras manos este escrito. Le pertenece a Mirna Barbareschi a quien no tenemos el gusto de conocer personalmente. Pero nos pareció fantástico poder compartirlo con ustedes."
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  - "Maestro Bútori, Gigante, Parque Infantil,"
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# LA LEYENDA DEL GIGANTE

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**Cuenta la historia que una vez, en Alta Gracia, existió un Gigante.**

Era fuerte y muy alto, altísimo; tenía una mirada seria y firme. Era tan grande, que los niños de la ciudad apenas llegaban a sus rodillas. Estaba un poco pelado y siempre vestía un equipo deportivo de color azul.

El Gigante tenía tanta fuerza, que lanzaba una pesada ola de hierro a gran distancia; levantaba con sus macizos brazos el eje de un carro viejo (de esos que son tirados por caballos), con sus dos ruedas. El peso era inmenso para todos los hombres, ***pero el Gigante podía vencer eso y much******o******más.***

Así era el Gigante de la pequeña ciudad, pero hay una cosa muy importante que debe saberse: **él quería muchísimo a todos los chicos.** Le gustaba enseñar juegos y deportes para todo aquel que quisiera practicarlos.

El Gigante se llamaba **Rodolfo Bútori**, pero como su nombre era difícil de recordar, los niños le decían **“El Maestro”**. El **les enseñó a correr, nadar y sentir el deporte**. Para los chicos, era un Gigante admirable, serio, riguroso, pero podían ver su gran corazón, y lo seguían a todas partes.

**Con él aprendieron a respetar al compañero, a izar la bandera con verdadero amor a la Patria, a colaborar y a no apartarse del camino honesto.**

El infundía estos **valores**, con una voz tan fuerte que retumbaba por todos los lugares y rincones por donde pasaba.

Los chicos se reunían en el **Parque Infantil** para esperarlo para que él les dijera qué iban a hacer ese día. Todos estaban inquietos, alegres, entusiasmados.

Pero había también días fríos y lluviosos; todos se desilusionaban, creían que el Gigante no iría y no podrían jugar y correr. Pero el Gigante **SIEMPRE** llegaba con su silbato al cuello y su equipo azul a la hora indicada. **El nunca los abandonaba, y cuando los niños lo veían llegar, corrían, lo abrazaban gritando y saltando por su querido Maestro había entrado al Parque.**

Entonces, daba la primera orden, y había un silencio absoluto; parecía que hasta el viento cesara de soplar; los pajaritos se detenían en alguna rama y observaban atentos la escena; las hamacas y las calesitas dejaban de chirriar...

**Todo enmudecía con silencio expectante.**

**Era muy lindo oír su voz.** Mucha gente decía que el Maestro era rígido cuando enseñaba, pero **los chicos lo amaban, trataban de imitarlo, lo admiraban.**

**El era su héroe**, pero no como los héroes de las revistas, que no pueden alcanzarse con las manos, sino un héroe con el que se podía jugar, al que se le podía abrazar y conocer.

Por momentos, él parecía una firme columna, pero no por ser indiferente, sino porque **estaba donde se lo necesitaba**. Los niños podían ir a su casa para hablar con él cuando se sentían tristes o cuando necesitaban ayuda. **Las puertas de la casa del Gigante estaban siempre abiertas.**

El se encargaba también de organizar fiestas y competencias infantiles para diversión de grandes y chicos; las calles de la pequeña ciudad desaparecían entre tanta gente que participaba. Había carreras de autitos que se deslizaban velozmente, construidos por los niños y sus papás. **Fue el Gigante feliz.**

**Pero quizás hoy el Gigante continúa entre nosotros; quizás su espíritu ronde por cada uno de los árboles del Parque haciendo sonar su silbato y, otra vez, vestido de azul...**

**Porque él quiere acercarse a todos los niños y que alguno, cualquiera de ellos, lo llame:**

**- “¡Maestro!... ¡Maestro!**

**Mirna Barbareschi (Escrito el 13 de agosto de 1995)**

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