"CACHO" CHAVERO: FÚTBOL DE GALERA Y BASTÓN

Fue un símbolo del fútbol de nuestra Liga. El tipo que te devolvía la plata que pagabas en boletería. Talentoso, inteligente, virtuoso y además, jugador de equipo. Te daba gusto verlo jugar.

Alta Gracia Deportiva 20 de julio de 2020 juan carlos juan carlos
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Cacho Chavero fue un símbolo del fútbol de nuestra Liga. El tipo que te devolvía la plata que pagabas en boletería. Talentoso, inteligente, virtuoso y además, jugador de equipo. Te daba gusto verlo jugar.

“Me llamo Carlos Segundo Chavero, fui el primero de seis hermanos, pero me llamo Segundo”. Así se presenta Cacho Chavero. Uno de los mejores y más exquisitos jugadores de fútbol que dio esta ciudad en las últimas décadas. Hoy, tiene 62 años y jugó hasta los 39 derrochando talento y capacidad. Lo que se dice un fenómeno. Pero arranquemos la charla donde nos cuenta su historia:

“A los 14 años me vieron jugar en los Salesianos y junto con los muchachos Manzanelli nos invitaron a ir Tigre. Los sábados jugaba en la Quinta y los domingos me ponían en Primera, con 15 años. Jugaba Carlos “Patoruzú” Gastón, un defensor que había nacido en Tigre, jugó en Estudiantes de la Plata y ya de grande había vuelto al club. Fue uno de los primeros que me motivó mucho”

Recordando aquella primera del equipo de barrio Don Bosco que participaba en la Liga Departamental Santa María, Cacho dice que “al arco jugaba un muchacho de Córdoba, Larraña, en el fondo José Beas, mi hermano Daniel y el negrito Zulú. Jugaban los Zuleta, yo al medio campo. Empezó a jugar Lulú Martínez, luego llegó el Puchi Alonso. Adelante jugaba “Kikola”, el negro Beas y de once Juan Carlos Manzanelli. Salimos campeones en el año 1973 (tenía 17 años) y también en el 1977, antes del Mundial”.

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La gran chance

Tuvo  la posibilidad de trascender fronteras. Que lo cuente él: “Cuando cumplí 18 años, amigos de Nieto (que era el delegado, dirigente y era todo en Tigre), me vio y me llevó a Córdoba. Me dijeron que había una preselección para Belgrano, y me llevaron. Quedé entre los 15 seleccionados para entrar al club. Había gente de todos lados… Viajaba todos los días, iba a Córdoba a dedo, no tenía cómo viajar y no tenía apoyo. De Belgrano hablaron con Tigre, con Nieto y el turco Antún (presidente) y éstos pidieron una cierta cantidad de dinero, que Belgrano no podía o no quería pagar. Me pidieron que fuera como jugador libre. Fuimos a hablar con la gente de Tigre, pero no hubo caso. Con 17 años, decidí no jugar más. Me enojé y me dediqué a trabajar como chapista, que es mi oficio. Me vinieron a buscar mil veces y no quise por un tiempo. Estuve casi dos años sin jugar. Me convencieron de volver mis compañeros, justo antes de irme al servicio militar. Me quedé en Tigre hasta que fui al servicio militar. Luego jugué dos o tres temporadas más. Antes del Mundial salimos Campeones de punta a punta”.

De títulos y clásicos

Ya dijimos de su primer título. El otro, conseguido en 1977 también lo tuvo de gran protagonista. “Muchos nombres se repetían. También jugaba Faneca, un “seis” que vino de Córdoba, de Talleres. Al arco jugaba Larraña, el Fredy Zuleta de tres, que era zurdo, originalmente jugaba de cinco. Jugaba Daniel (mi hermano) y de seis José Beas, de cuatro jugaba uno de Córdoba. Al medio jugaba Juan Zuleta, yo de ocho y de diez lo trajeron al sobrino de Lulú Martínez, Héctor. Por izquierda Juan Manzanelli, de nueve el Puchi y de siete Kikola. Un cuadrazo".

Cacho sigue hablando de aquellos tiempos de fútbol de los barrios, y federado: "El clásico de Tigre era Colón, por la cercanía de barrio, pero para mí siempre fue Banfield. Jugar con ellos era especial, por la gente que llevaba, por lo que era jugar en esa cancha, por todo".

"Me quedé en Tigre hasta el 80, cuando desapareció. Muchos nos fuimos a Palermo. Nos llevó el Gordo Hugo Vázquez, que era un fenómeno. En Palermo no alcanzamos a jugar porque enseguida se armó la fusión. Fui con mi hermano Daniel, los dos Manzanelli y el negrito Zulú. Formado el Deportivo Norte nos fuimos allá”.

 Vivir como futbolista

Para Chavero el fútbol fue su vida. Y así lo sintió siempre: “Los entrenamientos en Tigre empezaban después de las 5 de la tarde cuando Nieto llegaba de la Renault. En ese tiempo era todo llano y no había casas, era todo descampado. Yo estaba en el taller atrás del hospital, me subía al techo y apenas veía que había movimiento, me iba a entrenar. Arrancaba a trabajar a las 8 de la mañana y para poder entrenar, le daba derecho todo el día. Terminaba el entrenamiento y yo me quedaba siempre un poco más. Quería aprender a patear tiros libres, y me quedaba tirando al arco, buscaba siempre mejorar. En la época del Deportivo Norte, salía de trabajar de Renault, venía a casa a buscar las cosas, iba al taller y de ahí me iba a entrenar al Depo. El entrenamiento empezaba a las 8 y a las 7 y media ya estaba entrenando, haciendo tribuna. Yo era más grande y tenía que estar a la altura de los más jóvenes”, cuenta Cacho.

Retomando el relato, nos cuenta que “hubo un año que Deportivo Norte no entró en el Provincial y Brown nos llevó como refuerzos a Miguel Bazán y a mí. Fue un muy buen grupo de personas y de jugadores. Cuando vuelvo, ya estaba Mingo Ceballe de técnico. Un fenómeno, respetaba y se hacía respetar. Recuerdo que “Fico” Cuello un día lo quiso “chapear” y Mingo lo agarró, “vení al vestuario”, le hizo una seña y le dijo “si tengo que cagarte a trompadas lo hago. Acá se hace lo que yo digo, no lo que vos quieras”. Fico luego nos dijo “es más malo que la mierda, éste… voy a tener que hacerle caso” (risas). Fico además de un tipazo, era un muy buen jugador, enorme”. 

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Los años en el Depo

Cacho jugó en el merengue hasta los 39 años, siendo siempre figura. “Con Mingo hicimos un campañón en el Provincial,  llegamos hasta semifinales. Perdimos con Estudiantes de Río IV, que si pasábamos quedábamos a dos partidos de jugar el Nacional de ese año. Perdimos contra aquel Estudiantes del Hacha Ludueña, de Pitarch y de Trucco, que luego fue arquero de la Selección Bolivia”.

También recuerda que años más tarde, en otro provincial “me tocó jugar contra el Piojo López que jugaba en Independiente de Río III. Recuerdo también ese partido cómo lo maltrataron entre el “Coli” Pedernera y “Lopito”, los pasaba como parado (risas). En ese equipo, Alejo Arzubialde iba al arco; atrás jugaban Geri Cuello, Coli Pedernera, Lopito (antes el Negro Luna) y el Potro Cisterna; en el medio yo, el Negro Vera y el chupado López (luego Oyola), adelante Renato D´agata (luego llegaron otros), el japonés Castro y de once jugó un refuerzo de Malagueño”. 

En Deportivo Norte tuvo muchísimos técnicos al cabo de los años: Mingo Ceballe, el Negro Montoya, Daniel Willington, Pucho Arraigada, Tucho Licciardi, Juan Carlos Panei, Carlos Mutilengo, Laspina. “Con quien más me reí fue con el Loco Daniel. Los miércoles, el loco me decía: “Cacho, es miércoles, hablalo al gordo Vázquez que mañana traiga el asado y la damajuana”.

Jugar con los mejores

Todo talentoso potencia su calidad cuando encuentra con quien dialogar en la cancha. “En Tigre Lulú Martínez, el Puchi Alonso y yo hacíamos un gran triángulo en el medio. Jugábamos casi de memoria. Otro buen mediocampo donde jugué fue junto al gordo Argüello y el cabezón Alive. Al gordo no hacía falta ni mirarlo, además te iba hablando. Te decía: “ustedes jueguen adelante mío, yo los voy guiando. No se hagan problemas, si los pasan, yo los cruzo”. Jugaba con una tranquilidad bárbara con ellos.

Juego áspero

Cacho cuenta cuando le hacían sentir el rigor en la  marca: “Por lo general, los defensores de Banfield, eran todos ásperos. Me gustaba jugar con ellos. Además, cuando había alguien que pegaba, yo sabía que tenía que tocarle la pelota y pasarlo. Se me hacía más fácil con ellos. De quien tengo un recuerdo todavía es del “Coli” Pedernera, cuando yo estaba en Tigre. Jugamos casi una final en su cancha. Ellos con un empate eran campeones. Estaba de espaldas al arco de ellos, Coli de frente. Cuando vino la pelota, me cae justo en el pecho. La bajo y cuando voy a girar, siento que me bajó el pie por toda la pierna. Luego me dio la mano y me levantó. Yo, calladito. El “Chapulín”, Carlos Almada o el Chichí Peralta eran otros duros y mañeros. Aprendí a jugar contra esa gente que sabía y que además eran ásperos”.

Carlos Chavero dio dos veces la vuelta olímpica con Tigre (1973 y 1977), con Deportivo Norte logró cuatro títulos y varios subcampeonatos, además de hacer una campaña histórica en el Provincial.

Fuera de la cancha, un tipo bárbaro. Querido y respetado por todos. Un laburante de toda la vida que eligió el fútbol para sentirse feliz. En el césped, genio, figura. Jugador de galera y bastón. Elegante y a la vez sacrificado. Un jugador completo que llenó los ojos de quienes lo vieron jugar por más de dos décadas en las canchas de nuestra querida Liga.

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Hace poco, Cacho fue homenajeado por Deportivo Norte. Y junto a él, también fueron homenajeados Jorge Heredia y Fico Cuello.

A un toque

 Un compañero: elijo dos, el Negro Luna y Fico Cuello

Un técnico: Domingo Ceballe

Un directivo: el Gordo Vázquez

Un rival: Banfield

Un gol: el que más recuerdo fue a Instituto, jugábamos un partido importante. Vino el tiro libre desde la derecha, me la tiran al medio cerca de las 18 y como venía le pegué y la metí en un ángulo. Fue en la cancha del Deportivo Norte, es el que más recuerdo, le ganamos 2 a 1.

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