
Diciembre de 1983. Luego de la noche negra de la dictadura, el país volvía a respirar aires democráticos. Alta Gracia lo celebró a lo grande.


La Calesita del Tajamar forma parte de nuestra niñez. Esto pueden decirlo varias generaciones de altagracienses que se divirtieron al compás de su musiquita.
Los mismos que años más tarde fueron a llevar a sus hijos (o a sus nietos). La vieja y querida calesita del Tajamar sigue albergando fantasías de chicos, y continúa girando mientras alguien estira su mano niña para tratar de sacar la ansiada sortija...




