UN CLÁSICO: FESTEJAR LA PRIMAVERA EN "KRAKA"

Cosas Nuestras 21 de septiembre de 2020 Por juan carlos
Uno nombra a Krakatoa, y se mueven los recuerdos más íntimos de un par de generaciones de altagracienses. Por ejemplo, que Lalo abriera gratis el boliche durante todo el día cada 21 de setiembre.... ¿Te acordás?
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Uno nombra a Krakatoa, y se mueven los recuerdos más íntimos de un par de generaciones de altagracienses. Por ejemplo, que Lalo abriera gratis el boliche durante todo el día cada 21 de setiembre.... ¿Te acordás?

La historia de Kraka

En setiembre de 1971 comenzaba a escribirse en Alta Gracia una historia muy particular. Un capítulo de su vida que pondría a nuestra ciudad en el mapa del entretenimiento y de la noche de la provincia. Un 17 de setiembre de aquel año, abría por primera vez sus puertas el mejor y más importante boliche bailable que tuvo la ciudad: Krakatoa.

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De la mano de tres locos soñadores, con el impulso vital de un tipo único, inmenso y diferente como Lalo Ferreyra, y con las ganas de hacer algo, la confitería bailable se fue imponiendo dentro y fuera de las fronteras de Alta Gracia para convertirse enseguida en un lugar ineludible a la hora de buscar diversión nocturna. Krakatoa. “El Volcán de la Tentación”, como tiempo después rezaría su slogan fue el centro de reunión de jóvenes –y no tan jóvenes- a partir de aquella fecha. Los sábados y domingos de la ciudad tuvieron otro color, otra música, otro estilo a partir de su inauguración.

Por sus pistas pasaron generaciones de jóvenes buscando divertirse, disfrutar de la mejor etapa de sus vidas. Muchos de ellos se conocieron, se pusieron de novios y luego se casaron teniendo a Kraka como referente. Miles de chicos del secundario juntaron moneda sobre moneda para sus viajes de estudio ayudados por la mano que Lalo y los suyos le daban desde el boliche.

Krakatoa marcó un antes y un después en la industria de la noche. Una historia que duró nada menos que 28 años.

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Arranca la historia

Paradójicamente, la historia no comenzó en Alta Gracia, sino en Tancacha, donde Lalo Ferreyra, Berto Porta y un tercer socio tenían el boliche “La Vaca Viexa”. Ellos también eran los dueños de Tauro, en Despeñaderos. Pero pensaron en ampliar sus horizontes, y comenzaron a soñar con algo distinto, grande, que hiciera ruido.

Fernando Díaz, que estuvo junto a ellos desde el principio, cuenta: “ellos evaluaron y quisieron poner un boliche en Alta Gracia; eligieron un salón enorme ubicado en parte de lo hoy es Megatone donde había una tienda enorme de Jorge Suaid. Era un salón parecido al de Villar, al lado, donde estaba el Cine Plaza. Tenía 10 metros de ancho por 36 de fondo. Hablaron con Suaid, una persona excepcional, un gauchazo, y alquilaron el salón.”

¿Por qué el nombre de Krakatoa?“Ellos en Tancacha paraban en una pieza en casa de mi vieja y ahí se hizo el sorteo para ver qué nombre le iban a poner. Había tres propuestas: Krakaota, Safari y Watusi. Sortearon, pero… hicieron trampa, porque el nombre que salió fue Safari, pero justo como en esa época estaba la película Krakatoa al Este de Java, con Maximilian Schell, ahí quedó instituído el nombre”.

Setiembre del ´71

Kraka abrió sus puertas el viernes 17 de setiembre de 1971 en pleno corazón del centro de la ciudad, rodeado de confiterías, bares, cines y restaurantes. La ciudad vivía la noche en esa cuadra.

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Aquella noche, el primer tema que sonó fue “Misión Imposible”, de Lalo Schifrin, y no fue casualidad. Parecía que no se iba a llegar para el día elegido. Se estaba trabajando desde hacía meses, pero siempre faltaba algo. Por eso se decidió comenzar con ese tema, alegórico del momento. Fernando cuenta de aquella primera noche: “Una de las cosas llamativas que tenía (hoy estaría prohibido por los bomberos) era todas las paredes tapizadas en color naranja. La barra era una especie de “E” también en color naranja con un borde blanco. Además, fue el primer boliche de Alta Gracia que puso sillones. Eran grandes, que los hizo un hombre de Despeñaderos. Eso sí, el día de la inauguración no llegamos con los respaldos, o sea ese día no hubo respaldos en los sillones y además se usaron sillones reciclados de los otros dos boliches.

Es más, el volcán ocupaba todo el ancho del fondo del boliche. La barra, casi los diez metros del ancho del salón. El volcán eran como tres montañas, había un hueco donde estaba la cabina del disc jockey. Eso era de material desplegable, madera y yeso. Era tanta la humedad aquella noche que el yeso nunca secó, o sea no se pudo pintar y el volcán terminó siendo blanco. Nosotros, atrás de la barra andábamos a las patinadas por la humedad”.

La apertura fue caótica en lo organizativo, pero el sueño de Lalo Ferreyra, Alberto “Berto” Porta y Carlos Adam comenzó a cumplirse y empezaría a escribirse una historia fantástica.

 La pista, las luces

Cuando arrancó, era el salón plano, sólo con desniveles en el techo, pero lo que llamó la atención fue el piso de vidrio de su pista de baile. “Habíamos conseguido en Demoliciones Brasca vidrios de edificios viejos de 60cm x 1m x 1 pulgada de espesor. Claro… en la pista, con las luces de colores que prendían y apagaban, y se movían era toda una novedad. El techo de la pista tenía la bola de espejos infaltable, la luz negra, un enrejado de madera y arriba…¡tela de toalla violeta!.

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Y los bafles no se veían, había cuatro. Dos arriba de la pista, uno en una punta del salón y otro en la otra punta. Una de las cosas que tenía y llamaba la atención es que el sonido lo hacíamos con una llave tipo pulsador que según como lo tocabas, parecía que el sonido corría adentro del salón. Algo totalmente innovador”, sigue recordando Fernando.

La prohibición de la capital cordobesa de tener este tipo de boliches, y la muñeca de Lalo para conseguir promoción hicieron que Krakatoa enseguida se hiciera famosa. Hasta los colegios de Córdoba venían a pedir turno para sus matinés de sábado o domingo. Por aquel entonces se había impuesto el slogan: “Si viene a Krakatoa, conozca Alta Gracia”. Todo dicho. 

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Encuentro de famosos

Kraka no sólo fue baile. Por el salón, pasaron innumerables artistas de todo tipo. León Gieco, Raúl Porchetto, Los Iracundos, Industria Nacional, el Dúo Flash, los chicos de Música en Libertad, Tormenta, Cristian Andrade, Quique Villanueva.

En un momento, se le hizo una fiesta homenaje a Dino Ramos, que fue hijo de esta ciudad, con la presencia de músicos de distintos estilos como Cátulo Castillo. Tocó la Pesada del Rock and Roll. Vino Vox Dei a tocar en el boliche, “recuerdo que fueron 37 personas nada más a escucharlos. Una vergüenza, una pena”, dice Fernando. León ya vino más tarde, cuando ya estaba la pista de arriba, ahí tocó León.

Hablando de la pista de arriba… quién no recuerda el tobogán que tenía y por donde uno se tiraba…

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Siempre con los chicos

Quienes trabajaban por pagarse sus viajes de estudio siempre fueron ayudados por Krakatoa. Las puertas del boliche se abrieron siempre generosas para que pudieran recaudar.

Y en esas matinés, había diversión a lo grande. Lalo fue siempre el cerebro de cada cosa que salía de lo común en Krakatoa a lo largo de los años, en Kraka se sorteó un Fiat 600, un Ford T, una vaca, un burro… cosas increíbles. Como las prendas que debían cumplir los chicos en plena tardecita en las confiterías del centro, en Stuttgart, o en San Remo.

Se hacía una especie de búsqueda del tesoro y los chicos participaban porque el premio era plata para los viajes de estudio. Todo eso y mucho más pasó durante casi tres décadas en ese entrañable lugar.

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Los disc jockeys

Un boliche no es nada sin buena música. El primer disc jockey fue Giachetta, que trabajaba en Epec, que duró poquito porque un día no fue a trabajar y así entró el “Loro” Trejo, que fue un emblema de los primeros años de Kraka. Estuvieron a lo largo del tiempo Alberto Serachioli, el Turco Adjamián, estuvo Mario Cornejo, Lulú Ludueña (que luego fue a Krajo´s), luego estuvo el propio Fer Díaz, el gordo Adrián Luraschi, que apareció desde que tenía 16 años cuando primero manejaba las luces y hacía los aguantes. Y el último fue el negro Juan Salgado, “que era un capo, un tipo con una inventiva enorme”, lo define Fernando.

Ellos, junto a tantos otros que trabajaron o colaboraron en distintas áreas fueron los artífices para que los sueños y proyectos de Lalo tomaran forma cada fin de semana.

En la barra y los lentos

Se tomaba whisky, ginebra con coca, el destornillador (vodka con naranja) o el séptimo regimiento, que lo impusimos aquí. La anécdota la cuenta Fernando: “este trago lo preparábamos en bidones, antes de comenzar la noche, porque se pedía muchísimo y no hacíamos tiempo material para prepararlo en el momento".

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Muchos que eran habitué y tenían confianza se acercaban a la cabina a preguntar a qué hora ponían la música lenta. Así, salían a bailar un ratito antes, y entonces cuando bajaba la música ya estaban en la pista y ganaban tiempo ganado para el “chape”. Hablando de eso… Krakatoita se armó en el 72. Fue con una fiesta auspiciada por el Whisky Royal Command. Vinieron las promotoras, hubo canilla libre y todo. Krakatoita tenía música propia, distinta al del boliche. Toda música suave, tranqui, que ponía el turco Adjamián como disc jockey.

Para todos los gustos

A lo largo del tiempo, en Kraka hubo elecciones de reina, desfiles de moda… de todo!!! Y algo que hacía mucho ruido eran los cumpleaños de Krakatoa, que eran todo un evento con las tortas monumentales.

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Pero además, se hicieron las fiestas de LV3, con transmisiones en vivo, conducidas por El Gordo Eduardo Ovelar, Clever Abreu o Enrique Del Campo. Estas fiestas batían récord de gente cada vez que se hacían, con muchos que terminaban quedándose afuera. 

De la mano de estas fiestas surgieron festejos enormes como los del Día de la Primavera, con palco en la calle, transmisión en vivo para Córdoba, reinas, desfiles y mucha música todo el día. 

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Los últimos años

Ya hacía un tiempo Carlos Adam y Berto Porta habían dejado la sociedad. Quedó sólo Lalo, a quien se le sumaron en los últimos tiempos algunos socios menores. Krakatoa funcionó ininterrumpidamente hasta el sábado 29 de enero de 2000.

“El capítulo final se da porque ya era muy difícil mantenerlo. Los costos eran muy altos. El alquiler se hizo muy difícil, y los tiempos habían cambiado. Así y todo, cerramos con 500 personas adentro; Se cumplió un ciclo y sinceramente, estábamos muy cansados”, reconoce a la vuelta de los años Fernando.

Con el cierre de Kraka, se terminó la historia, pero nació la leyenda de un lugar mágico donde se dieron los primeros besos y nacieron amores eternos. Donde ir a bailar era ir a pasarla bien, y cada noche era una fantasía distinta. Aquella noche de enero del 2000, el último tema elegido para sonar en sus parlantes fue el de la primera noche: “Misión Imposible”

Gracias Krakatoa, gracias Lalo. Gracias por todo.

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 Lalo, “Un inquieto, un creativo”

Por Fernando Díaz

Es difícil definirlo. Un inquieto. Un creativo. Despelotado a la hora de los números, pero un tipo que tenía ideas constantes. Siempre apostaba al cambio. Lalo revolucionó la noche en Alta Gracia y la estructura de la noche en los alrededores de Córdoba. Hoy, en otras ciudades se organizan fiestas que Lalo ya había pensado y realizado veinte años antes.

El mismo organizaba las matinés, y las prendas que tenían que hacer los chicos, todo salía de su imaginación. Fue un adelantado, una persona que pensaba siempre para adelante.

Además, era muy histriónico, no le tenía miedo al micrófono y lo usaba siempre para hacer valer sus ideas y sus convicciones. Un fenómeno, sin dudas.

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