MARCO LAPORTA: RETRATO DE UN CAMPEÓN

Marco Laporta fue uno de nuestros más importantes embajadores en el motociclismo. Múltiple Campeón Cordobés y consagrado también a nivel Argentino, representó a Alta Gracia en todo el país.

Alta Gracia Deportiva 12 de octubre de 2020 juan carlos juan carlos
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Marco Laporta fue uno de nuestros más importantes embajadores en el motociclismo. Múltiple Campeón Cordobés y consagrado también a nivel Argentino, representó a Alta Gracia en todo el país.

Hoy, Marco es un atildado empresario de nuestro medio. Conduce con mano firme y a la vez inteligente uno de los tradicionales comercios de la ciudad. Detrás de este presente, hay un pasado lleno de deporte, de banderas a cuadro y de trofeos levantados que merece ser contado.

Por eso COSAS NUESTRAS decidió retroceder en el tiempo para una charla muy rica en experiencias donde Marco contara todo aquello.

"Empecé en 1988. Mi primera carrera fue una de Enduro Provincial por parejas. Me invitó a correr Rodolfo Sancho, eran las Dos Horas de Enduro. Yo era aficionado, nunca había corrido una sola carrera y reconozco que era bastante limitado por ese tiempo. Tenía una Suzuki 125 que le robaba a mi hermana para ir a andar en el circuito Paravachasca".

Claro que no todo fue tan sencillo: "Tenía 14 años. Lo primero que hice fue pedirle permiso a mi viejo. Sancho le explicó cómo era y lo convenció. Y allá fuimos. Fue en el año 1988. Faltaban cuatro carreras para terminar el campeonato y con Rodolfo salimos cuartos".

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Aquella carrera significó el inicio de una riquísima trayectoria. 

"Me quedó el gustito y la próxima fecha (ya era individual) la quise correr. Le pregunté a mi viejo y no solo me dejó sino que se prendió a seguirme. La moto todavía iba standard, corrí las fechas que faltaban para terminar el año y me fue muy bien, incluso gané una de ellas. El otro año ya comencé a correr desde el inicio de la temporada. Compré una Kawasaky 175. Fue un salto bien grande"

Aquel año, quedó como único representante de Alta Gracia; luego Remo Botta se anotó en un par de carreras del Provincial. Marco corrió en forma paralela el Provincial y el Nacional.

Un año fantástico

1989 quedará en la memoria de Marco como un año sencillamente inolvidable. Que él mismo lo cuente: "En 1889 gané el Campeonato Argentino de Enduro. Fue en Chilecito, La Rioja. Se corría durante tres días, al estilo de rally, con primes. Fui con mi familia y unos amigos, todo muy improvisado, muy casero. Y también de una forma en la que aprendí muchísimo", arranca contando sobre una carrera plena de anécdotas.

"Me acompañaron el Gordo Jorge Salgado, mi papá y mi ex cuñado el Poroto Zagaglia (que me hacía de mecánico). Fuimos a Chilecito en la chata de la ferretería, que le pusimos una lona en la caja", cuenta y sigue. "El día anterior a salir, como siempre hice algunos arreglos de motor. Le puse un filtro al tanque de nafta porque tenía miedo que el combustible me fallara. Le puse uno de bronce, me acuerdo. En el primer prime, no hice ni 5 kilómetros que se me paró la moto".

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¿Cómo siguió todo? "Imaginate, para mí era toda una aventura correr esa carrera y a los cinco kilómetros me quedaba afuera! No sé por qué se me iluminó que podía ser el filtro (que era lo único que había tocado). Llevaba una cajita de herramientas y me puse a desarmar, se lo saqué, y arrancó apenas la patee. El problema es que había perdido como 15 minutos, entonces le di para adelante sin fijarme en nada. Era un circuito que apenas se adivinaba y muchos se perdían. Yo fui con todo para adelante, como fuera. Llegué al primer abastecimiento y le pusimos nafta. En un valle estaba mi auxilio, con mi viejo y los demás. Cuando llegué le dije a mi papá que quería abandonar. Me pegó en el casco y me dijo ´no seas nabo, que venís primero en la categoría tuya”´. Total que llegué a La Rioja capital, primero".

Al otro día se corrían otros primes cortitos y el tercer día era en un circuito de motocross. Marco terminó ganando también ahí, le fue bárbaro y consiguió así el título de Campeón Argentino. "Para mí fue algo realmente espectacular", recuerda hoy en día.

 Como para cerrar un gran año, terminó también coronándose Campeón del Provincial.

Subir, bajar, volver a empezar

Marco se sabía buen piloto, pero también comprendía que para competir en otro nivel, necesitaba cambiar de moto. Lo que significaba pasarse al motocross. Comprar una moto, por aquellos años era casi un imposible, no había importaciones y traerla era prácticamente un contrabando.

"Ya casi llegando a 1990, mi viejo vendió lo que no tenía y me encargó una Yamaha 125 para el motocross... pero me la robaron. El tipo que recibió el dinero, nunca me la trajo. Mi viejo se endeudó, era una moneda muy importante, eran como 20 mil dólares".

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A la pérdida del dinero se sumó el momentáneo bajó anímico. Pero igual decidió arrancar el año con la moto que tenía, corriendo en Junior. "A mitad de la temporada, mi viejo pidió prestado dinero, se contactó con Reinaudo en Córdoba y trajo una Kawasaky 125 para motocross, que era “la” moto con la que corrí hasta fin de año".

Marco asegura que se adaptó rápido del enduro al motocross. "Hay muchas diferencias, hay otra técnica. El Enduro te enseña a improvisar y a potenciar los reflejos. El motocross es definitivamente más técnico".

En 1991, con la Kawa ganó los dos campeonatos, el Provincial Juniors de Enduro y el Provincial Junior de Motocross. Igual en 1992. "Entrenaba mucho, me sacrificaba mucho. Acá no teníamos ni circuito, para ir a entrenar había que ir a Córdoba. Esa fue una de las bases, nadaba, corría, andaba en bici y hasta hoy me quedó un buen estado físico gracias a ello".

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 Todo y casi nada

Corrió Enduro en 1989, 1990 y 1991, luego ya fue todo cross. "Esos dos años gané casi todo lo que corrí. Se me dio todo rapidísimo. En1991 y 1992 corro los Provinciales y luego voy a los Nacionales. Fue todo muy rápido, en poco tiempo"

Así como cuenta una cosa, también cuenta otra. "El motocross y el enduro son deportes muy injustos. Podés entrenar durísimo, ser el mejor o tener la mejor moto y luego ir a una carrera, se te corta la cadena y quedás afuera al toque"

¿A qué viene esta referencia? "Yo estaba acostumbrado a ganar todo lo que corría, y de pronto, en 1993, no pude terminar una carrera. De ganar todo a no poder terminar una sola carrera. Me empezó a pasar de todo, y todo junto. ¡Hacía mil kilómetros para ir por ejemplo a Bariloche y no poder casi ni largar!. Me pasó de todo, hasta partir una biela de la Kawa, algo increíble. Se me cortaba la cadena, me pegué golpes feos, de todo… hasta el punto de casi decidir dejar todo".

"Como si fuera poco, en un entrenamiento me caí y me saqué el hombro. Entre fines del 93 hasta principios del 94 me pasó de todo. Mi viejo y sobre todo mi vieja me sostuvieron desde lo anímico", agrega.

Tiempos de Supercross

Llegaron los tiempos del Supercross, algo recontra peligroso, que se corría en estadios cerrados, de noche, con saltos triples, de 35 metros donde lo pilotos volaban a 8 metros de altura. Fue en el año 1995, con presencia de muchos pilotos que venían de afuera. Había norteamericanos, brasileños, un nivel enorme.

"Yo era piloto privado, con algún apoyo semioficial, pero nunca estuve en un equipo. Alguna vez me ofrecieron correr en Italia para una marca, pero no se me dio. Así y todo, me iba bastante bien. Primero estaban los americanos, los brasileros, luego los argentinos de equipos oficiales, que eran unos monstruos, y luego yo. Era noveno, décimo, más o menos", cuenta Marco.

"Yo estudiaba en la facultad, lo ayudaba a mi viejo, y además corría. O sea, no estábamos en las mismas condiciones. Un día se me acercó el papá de los Villagra, y me dijo que para dar un salto, necesitaba mejorar el equipamiento y tener un par de entrenamientos con tipos como Federico (Villagra). Yo era un autodidacta, que nunca había aprendido con nadie, y tan mal no me había ido hasta ese momento. “Estuve hablando con Federico y te vamos a dar una mano”, me dijo y me invitó a ir entrenar con ellos".

La anécdota que sigue es imperdible: "En el equipo estaban Federico Villagra y Chris Neal. En el primer entrenamiento en el circuito que habían armado detrás de la FICO, mientras yo bajaba la moto, escuché rugir una moto. Era una CR 250 al palo. Era Chris Neal, que enganchó una montaña. Detrás de la montaña pasaba un colectivo, pasó por encima y como no llegaba saltó la moto que se hizo mierda mientras él disfrutaba. ¡Cómo ibas a competir con semejante loco”

Total que Marcos empezó a entrenar con Federico, Marcos y Javier Villagra y con Neal. Durante ese tiempo, aprendió muchísimo desde lo técnico. "Correr supercross es algo muy distinto a todo desde lo técnico y desde lo máximo de audacia que tenés que tener para correr ese tipo de carreras".

Cuando Federico Villagra se estaba retirando de las competencias, hasta le enseñó hasta una técnica especial para las largadas, a la hora de utilizar al máximo las reglas permitidas en el partidor. "La puse en práctica y la verdad es que me fue muy bien. En la primera carrera del Supercross del verano del 96, ya no había americanos, eran todos pilotos nacionales. Marcelo Sánchez, los Villagra, el hijo de Rody Chapeta que tenían los lugares fijos en la carrera y luego veníamos nosotros. Yo largaba tercero, no lo podía creer. De hecho, terminé tercero. Era un nacional de Supercross, algo espectacular, era tocar el cielo con las manos. Ese año terminé quinto el campeonato".

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Un "palo" que costó caro

Para una de esas carreras, entrenando en Las Pencas, Marco hizo algo que no se debe hacer: fue solo. "No me olvidaré nunca, el casero del lugar no tuvo mejor idea que sacar tierra de un salto, y se hizo una canaleta que se cubrió de yuyos. Yo fui en la Honda CR 250, que era inmanejable. La moto pegó en el bordo y salí cruzado. Caí y se me detonó la rodilla. Se me cortaron los ligamentos y se me rompieron los meniscos. Estaba solo y no podía ni patear la moto para ponerla en marcha. Tuve que agarrarme de un árbol y tratar de patearla con la izquierda. Así me volví hasta casa"

Venía bien en el campeonato y el médico le dijo que si se operaba los meniscos se iba a perder una fecha, pero iba a poder correr las otras. Total que se operó por artroscopia de urgencia, y a los 15 días estaba corriendo. Terminó quinto en el Supercross Argentino.

"Al poco tiempo comenzaban el Provincial y el Nacional de Motocross. Me tenían que operar los ligamentos y significaba pararme un año para correr normal. Me dieron a elegir fortalecer los músculos para intentar correr sin la cirugía y eso hice", cuenta.

Supercross en Alta Gracia

"Fue cuando organicé una carrera de Supercross en el Deportivo Norte. Fue a beneficio de los Bomberos Voluntarios y del mismo club. Yo me puse a armar la pista, le metimos 80 camionadas de tierra y la dejamos hermosa.  Vinieron todos los principales pilotos del país. En carrera estaban los mejores, y yo. Fue la única vez en la ciudad donde hubo una carrera de ese nivel con tan importante cantidad de corredores. Fue bárbaro porque hubo una categoría de cuatriciclos y luego el supercross".

Pero no todo serían rosas para Marco Laporta aquella noche: "Había un triple salto pegado a la platea. En el triple fue que caí mal y todo el peso del impacto se me fue a la rodilla lesionada. Todo muy bien, la carrera fue un éxito bárbaro pero en lo personal prácticamente fue mi sentencia para dejar de correr. Fue muy triste para mí esa carrera porque me terminé de romper. ¡¡En mi propio circuito!!"

El diagnóstico fue inapelable: otra voz rotura de meniscos y además, seguía con los ligamentos rotos. Así y todo decidió fortalecer la zona y no ir a cirugía, para poder seguir corriendo. "Era marzo, no me olvidaré nunca de esa carrera por el provincial de motocross. Venía primero tranquilo, cuando llegando a una curva no vi una raíz de un árbol que había quedado al descubierto. Total que cuando voy a doblar, me enganché la pierna en esa raíz. Terminé segundo, pero llorando del dolor".

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El adiós a la pasión

"Llegué a box donde estaba mi viejo y mis amigos. Agarré la moto, había una montañita, una subida, la aceleré al palo, hasta la cima de la colina, la solté, me bajé y les dije: “no corro más”. Ese día lo decidí. Todos venían a abrazarme porque había salido segundo, pero nadie sabía lo que me había pasado".

El epílogo de la historia lo cuenta el propio Marco: "Luego me operé la rodilla, pero nunca más me subí a una moto. En 2008 organicé las carreras en la curva de la S, a beneficio de la Cooperadora Policial. Ahí me prestaron una moto y me subí un rato pero nada más, para recorrer el circuito".

Una enseñanza de vida

Para Marco Laporta, el motociclismo de alta competencia fue mucho más que un deporte. "Si pudiera elegir qué hacer de nuevo en mi vida, no lo dudaría, volvería a hacer lo que hice. Hubo otra parte de la historia que también fue fundamental: hoy valoro lo que hicieron mis viejos. No nos fuimos nunca de vacaciones mientras yo corrí. El dinero para vacaciones era para cambiar la moto. Sus vacaciones eran acompañarme a donde fuera para estar a mi lado. Lo que ellos hicieron, fue bárbaro. De hecho mi madre era casi la madre de los demás pilotos. Hasta llegó a ponerle una inyección a uno que le hacía falta. Para mi papá y mi mamá, las carreras fueron su mundo".

La familia y los amigos: "En los viejos Grandes Premios iba una semana antes con mis amigos a recorrer los primes. Los hacía caminando e iba marcando las curvas peligrosas o el sentido de por dónde tenía que doblar. Todavía hoy por Copina están las marcas que hacía por esos tiempos. Muchos amigos me dieron una mano siempre, además de la familia: Ale Mazzalay, Agustín Valdez, el Hacho Pérez Contreras, el mismo Remo Botta. Era un grupito de diez, más o menos, de fierro".

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"Lo que rescato de este deporte es que te enseña a nunca bajar los brazos, no tener miedo, ser aguerrido y encarar, a ir de frente. A convivir con colegas que tal vez no competían tan limpio y saber cómo encararlos. Me ayudó en la facultad, en las vacaciones, en mi negocio. Me ayudó a manejarme en la vida misma. Aprendí a que se festeja todos juntos y que de las malas también se sale todos juntos".

Y hay más todavía: "Me dejó muchas enseñanzas de vida que hoy las uso en mi trabajo a la hora de buscar soluciones actuando en el momento. Y muchos amigos. Hoy, luego de treinta años de aquellos tiempos, con cuatro amigos nos seguimos juntando absolutamente todos los jueves de nuestra vida".

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