BARRIO GALLEGO: EL BARRIO QUE VIVE Y EXISTE EN EL ALMA DE SUS VECINOS

Barrio Gallego no figura en los planos ni en catastro. Este segmento de ciudad aparece como parte del extenso y variopinto Pellegrini, aunque poco tiene que ver con él. Barrio con identidad propia e historias que merecen ser contadas por sus propios protagonistas.

Cosas Nuestras 22 de marzo de 2023 juan carlos juan carlos
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Barrio Gallego no figura en los planos ni en catastro. Este segmento de ciudad aparece como parte del extenso y variopinto Pellegrini, aunque poco tiene que ver con él. Barrio con identidad propia e historias que merecen ser contadas por sus propios protagonistas.

Si trazáramos un mapa, los límites de barrio Gallego serían: la calle Concejal Barbeito, desde Becerra hasta Quintana; por Quintana hasta los fondos del Parque Sierras y allí doblaría la línea en calle Anatole France hacia el este. Esta calle se prolongaría en el pasaje que da a calle Lucas V. Córdoba y ésta cerraría el límite en el mencionado supermercado. ¿Se entendió? Creo que sí.

No existe como tal en los mapas, pero sí en el corazón de sus vecinos. En la memoria de los más grandes y en las historias que sobreviven generaciones. Un barrio con escuela propia, que tuvo un club emblemático, comercios tradicionales y hasta una hostería. Un barrio con identidad que dice presente en sus calles, algunas de las cuales
conservan aún los frentes altos de las construcciones de principios del siglo XX.

Con la calle Mansilla como columna vertebral, las historias se tejen y destejen en la memoria de sus habitantes más veteranos. Entre ellos Noemí, aunque nadie la llame por su nombre. Poco importa su apellido, importa que, con 80 años, nació y vivió toda su vida en el barrio. “La Mansilla cuando era chica era de tierra. Nuestra niñez la pasamos en la calle, jugando hasta la noche cuando nos llamaban porque al otro día había que ir a la escuela”.

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Casas con frentes altos y grandes ventanas. Todavía queda una casa que tiene la fecha de construcción: 1913. “Ahí vivía mi abuela, la mamá de mi papá”. Las casonas alternaban con los descampados. “Había muchos baldíos. En la esquina de Franchini y Mansilla, frente al almacén de Don Manuel Fuentes, había una casa tipo chorizo. Fue de mis otros abuelos, tenía muchas habitaciones que el dueño anterior alquilaba a empleados del Sierras Hotel. Era una casa de las más viejas de la zona”.

A Noemí no le gusta que al lugar le llamen barrio “Gallego” porque lo ve como broma. Sin embargo, muchos de los viejos vecinos toman el nombre cariñosa y respetuosamente. “Muchos gallegos vinieron al barrio porque trabajaban en el Sierras Hotel. El que no era mozo, trabajaba en la cocina. Más tarde, varios de ellos hicieron sus casas en calle Centenario (hoy Illia), entre Mansilla y Sevilla, a través del sindicato en tiempos de Perón. “Son las casitas del Sierras”, decía la gente”.

Hablando de vecinos

Noemí recorre mentalmente nombres, apellidos de vecinos a lo largo de los años... “Los Fuentes, que fueron una institución en el barrio. También María y Esteban, que tenían “Los Hermanitos” apenas nacía la Mansilla. Al lado de Manuel Fuentes, vivía Don Pedro Sandoval que era un hombre del norte. Su esposa era una riojana que siempre usaba polleras largas y tenía mal humor”. Y Noemí sigue recorriendo nombres: “Doña Asunción Martín, que hacía unos pan dulces espectaculares. Doña Ana de Carminatti, que colocaba inyecciones, que tenía mellizos. Ella había estado en el cuerpo de enfermeras de la Fundación Evita. Los Fonseca, sobre calle Mansilla. Don Zamora que tenía verdulería en la esquina de Mansilla y Valencia. Los Linares, con Antonia y Pochola, muy buena gente. Don Arias que vivía al lado de lo que hoy es la veterinaria, que andaba siempre de sombrero ladeado. Los Vidosa, los Fernández, que eran españoles. Ramírez, el señor que vendía joyas. La Nona y el Nono López en la esquina de Mansilla y Centenario (hoy Illia), que tenía un patio hermoso con frutales y gallinero. Los
Sansone… Sobre calle Pekín, apenas se pasaba la Mansilla había un baldío muy grande (como muchos que había en la zona) donde luego hizo la casa Don Gallardo. Más adelante vivía un hombre grande que sembraba y vendía verdura en toda la ciudad. Una quinta espectacular tenía Don Goyo”.

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Don Manuel Fuentes fue un ícono del barrio, con su almacén. “Don Manuel vivió toda su vida acá en el barrio, y siempre rezongando. Era un almacén con servicio de copas. Tenía un par de mesas para jugar al truco, y era el entretenimiento de la gente de acá. Un punto de reunión. En esos tiempos no se iba al centro todos los días”.

Aparecen más nombres en la memoria: “Paladino, López, Fernández…apellidos de mucho tiempo en el barrio. Estaban los Rodríguez en calle Pekín. Los fines de semana venían sus familiares desde lejos, en sulky. Era una procesión de sulkys cuando llegaban o se iban cada uno a su barrio o su lugar. Al frente vivían los Olmedo, a una cuadra, la Ñata Vidosa de Freytes, una hermosa persona. Su hijo fue un símbolo de River como jugador, casado con Alica Pernas, también vecinos del barrio”.

Y por supuesto, a la hora de hacer memoria no podían faltar personajes como “Coco” Gómez o el mismísimo Gordo Luchi.

El “perfumado” River Plate

Símbolo del barrio fue el Club River Plate. Tuvo su sede en la casa que hace ochava en Mansilla y Franchini. “River no se fundó en mi casa, pero casi casi. Mi papá fue jugador de los primeros tiempos. Tengo recuerdos muy fuertes de lo que fue River. Pepe Fuentes manejó durante años la Quinta de River. Cuando su mujer, la María, lo echaba de la casa por tanto andar en el club, caía a casa para que mi mamá le lavara las camisetas de los chicos. La cancha estaba en el campo de Mena (hoy la escuela de barrio Sabattini). Esos terrenos fueron del Sierras Hotel. Y atrás de la cancha, el hipódromo”. No podía faltar otro apellido íntimamente relacionado con elbarrio y con el club: los Jaime.

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Anécdotas de barrio

Las historias necesariamente se mezclan con más nombres, más apellidos, más anécdotas. “Hoy, de los viejos vecinos Quedan las chicas Ramírez, Loschiavo sobre la calle Valencia, los Gómez...”

El barrio tuvo un héroe, Juan José Gómez, fallecido en el Crucero Gral. Belgrano durante la guerra de Malvinas. “Vivía en calle Valencia. Tenía 23 años y para él, la Marina era todo. Vivían en calle Valencia entre Sevilla y la
Shakespeare (hoy Concejal Barbeito)”.

En la zona había todos los servicios. Y si no, leamos: “Estaba la Ñata que era quinielera en tiempos de juego clandestino. Por la mañana levantaba las jugadas. A la tarde pasaba por las otras. Siempre pagaba, nunca fallaba, era todo confianza, no había nada firmado. Si la habrán llevado presa por eso. Vivía cerca de los Arias”.

nono y nona lopez (Omar Martín)

Te veo en el buzón

Más allá de sus protagonistas (Manuel Fuentes, su esposa María y su hijo Mario), la foto es todo un documento en sí misma. Es la única que existe (al menos eso creemos) donde se alcanza a ver uno de los símbolos de barrio Gallego. Nos referimos al buzón que estaba en la vereda de Franchini y Mansilla, y que hace algunos años alguien (vaya uno a saber quién y por qué) decidió sacar.

“Te espero en el buzón”. Punto de referencia ineludible a la hora de hablar de esta zona de la ciudad. El progreso mal entendido y manos traviesas le quitaron este retazo grande de historia al barrio” .

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Vida de barrio

“Nos criamos jugando en la calle, en las veredas de tierra con árboles de paraíso. Los vecinos nos conocíamos todos, con nombre y apellido. Compartíamos fiestas con ellos y nos relacionábamos mucho más. Cuando fallecía un vecino, estábamos todos rodeando a la familia, acompañándola. Los velorios, incluso, se hacían en las casas. Doña Adelina, como tantas vecinas, dejaba la puerta abierta de su casa, que daba al zaguán, y así quedaba hasta la noche”

A la Mansilla llegó el pavimento durante la intendencia de Abraham. Así llegó el pavimento al barrio. Fue en 1967. Poco tiempo después llegó la vía blanca”.

Para Noemí, hablar de sus años en el barrio es cosa simple. Con memoria prodigiosa y una pasión inigualable a la hora de hablar de “su” barrio. “Es bonito el barrio, lo amo. Este barrio ha sido y es mi vida. Acá tengo hecha mi vida”.

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Víctor Mercante: la escuela que nació desde el pedido de la gente

Transcurrían las primeras décadas del Siglo XX cuando los vecinos se reunieron y decidieron elevar un petitorio para que en el barrio hubiera una escuela. Enviaron el pedido al Ministerio de Educación, y fueron escuchados. Nacía la escuela del -por entonces- barrio Parque.

“El primer sitio donde estuvo la escuela del barrio fue en la esquina de Lucas V. Córdoba y Mansilla. Luego se trasladó a su actual emplazamiento de Anatole France al 400. No se construyó, era un edificio ya viejo en ese entonces”, cuenta Noemí. “Recuerdo a una Directora, la Sra. de Salado que tenía mucha ascendencia sobre Eva Perón, que ayudó mucho a esta escuela”.

El colegio nació el 9 de octubre de 1927, con el nombre de “Escuela Nacional Nº 282”. Pasaron unos cuantos años para que se le pusiera su actual nombre de “Víctor Mercante”. “La gran mayoría íbamos a esta escuela. Junto con el parque del Sierras, era nuestro patio de juegos. Hubo una maestra que se llamaba María Miguel, que era ya una mujer grande cuando la conocí. ¿Compañeros de primaria? Barrera, unas chicas Molina. Venían muchos chicos de la zona del primer paredón o de la zona de La Gruta. Villarreal, que fue esposa de Nenucho Cordero. Nito González..."

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