"El hotel que murió de pena", por Juan Carlos "Cacu" García

Literatura altagraciense03 de julio de 2024juan carlosjuan carlos
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El famoso recopilador de relatos de Alta Gracia, Gumersindo Jacobo (S), recordaba en su libro nunca publicado, “¡Y se fueron todos!”:

“Eran las diez de la mañana y hacía calor en Alta Gracia. El sulqui me trajo de la estación hasta la esquina de la plaza, frente a la Casa del Virrey. Al lado de la municipalidad, estaba el hotel donde busqué alojamiento, y cruzando la calle, el reloj con cuatro cabezas que se dan la espalda con descortesía.

Caminé por la calle de tierra haciendo equilibrio entre la piedra tosca y la vereda que elevaba el edificio de adobe y ladrillo por encima de la gente; subí por la escalera de mármol e hice sonar la campanilla de plata para llamar a los dueños que me atendieron amables y apacibles, como todo a esa hora en el pueblo. Me alojé en una amplia habitación de planta alta.

De sus ventanales coloniales se veían los caballos zapateando y abonando el suelo, atados a sólidos postes de quebracho con argollas herrumbradas. Más arriba, a izquierda, las viejas construcciones jesuitas de la casa del Virrey y la Iglesia. La tierra nos abrazó con una leve brisa de polvo y guano; los mateos esperaban pasajeros desde la sombra de los paraísos de ese agobiante día de verano y sobrevolaba la esquina un tenue aroma de glicinas que se perdía ligerito cuesta abajo, a la estación del tren”.

Gumersindo respiraba poesía en todos sus relatos. Luego prosigue: “Caminé. A medida que bajaba, escuchando el canto chillón de los gorriones, una nube gris se desprendió del piso y me envolvió transportándome al espacio”.
Su imaginación era proverbial. Después agrega:

“Desperté frente a un tribunal que investigaba el asesinado de un hotel. Los jueces, viejos sabios escritores de la historia de los pueblos, no lo podían creer. Me acusaron de ser testigo y no haber hecho nada para impedirlo.

Mostraron fotografías del asesinato: un espacio vacío al lado de la municipalidad. No se podía negar. En las fotografías siguientes descubrí otros detalles: no estaban los árboles, la calle, los pájaros, la gente calma.

Bajé la cabeza y me declaré culpable de complicidad por alterar la historia. Solo dije en defensa de las generaciones que me precedieron, que el hotel El Virrey tal vez murió de pena como otros en Alta Gracia”.

Decididamente, Gumersindo era un nostálgico.

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