
Siguiendo con escritos de periodistas y amigos de Alta Gracia, hoy nos toca reflejar lo que alguna vez publicó Cristian Moreschi en uno de sus libros "Caminos de la Historia". Gracias Cristian por permitirnos compartirlo.
El amigo y seguidor de nuestra página, Yaco Bijman (1) nos acercó esta hermosa pintura literaria de época, y no podíamos dejar de compartirla con ustedes. Alta Gracia, año 1941... Gracias, Yaco!!
Literatura altagraciense22 de julio de 2020La esquina de Avda. Belgrano y Paraguay vive a toda hora una actividad constante, reflejada en los distintos negocios y oficinas.
El eje principal de la actividad está centrado entre la tienda La Flora, de Alfonso López, la feria Buenos Aires de Jacobo Kaplan, el negocio de Fotografía y Regionales de José Friera, el taller escuela de Dactilografía y Redacción Comercial de Flora Zabala, donde también se vendían alfajores y pastelitos, la tintorería Belgrano de don Roque Carrizo.
Avenida Belgrano, una cuadra o dos más abajo de la esquina con Paraguay, año 1941.
La empresa de Pompas Fúnebres de la familia Morales, con sala velatorio incluida; en el patio el galpón para la carroza y la sala de los caballos, justo al lado de la casa y consultorio del Dr. Arturo Lorusso, médico de familia, escritor, laureado con el premio al mejor escritor del año 1939 por la Asociación Argentina de Escritores.
Frente a la tienda La Flora, nos encontramos con la mueblería y colchonería de Luis Bijman, donde en la puerta de entrada de la casa de familia en Paraguay 10, una placa anuncia la Academia de Corte y Confección de Cecilia Ducach de Bijman.
Don Luis y Cecilia Bijman junto a su familia en una jornada de verano en Dique Chico.
A continuación de la tienda La Flora, y sus tres hermosas vidrieras, un negocio de hierbas medicinales, cuyo dueño era militante nazi, lector del diario Pampero, diario nazi y antisemita. Ahí se reunían los nazis y fascistas de Alta Gracia para comentar las primeras victorias de Alemania en su intento de dominar Europa.
Muy cerca de esta esquina el señor Luis Schneider, trabajaba intensamente con un grupo de operarios, clasificando y cerrando cajones con mija, aislante eléctrico, considerado material estratégico. Los enviaba, en plena guerra, a Alemania. Soñaba con los millones de marcos que recibiría en pago. Con el triunfo de los aliados y la desvalorización de esa moneda, quedó fundido; mientras su vecino, el Señor Domingo Derissi, activo luchador por la democracia, disfrutó del triunfo aliado. Continuó repartiendo carteles, revistas de la organización no gubernamental: Acción Argentina.
Así vivimos la última guerra Mundial en este pequeño pueblo: Alta Gracia.
Un joven escribano abre su oficina, es Don Carlos j. Bossi, que fundó el cine teatro Plaza; y llegamos a la panadería Francesa de Moll Hnos. que se destacó por la calidad de sus productos: medias lunas y merengues.
Al lado de la Francesa, don Moisés Laniado, con su negocio de telas y sedas, y el consultorio del Dr. Alberto Spanogue.
Es interesante destacar nacionalidades y creencias de este vecindario: un español antifranquista, demócrata y republicano, un judío polaco, un judío rumano, catalanes, mayorquinos, una argentina católica ferviente, un alemán, un italiano, un japonés.
Belgrano y Paraguay, año 1941. La Mueblería Don Luis presidiendo la esquina.
Un vecino ex socio de Ramón J. Pérez, agente del expreso Furlong, el señor Monsalvo, de guantes, bastón, galerita, y espléndido bigote; caminaba siempre solo, parecía una estampa de otros tiempos.
No quiero olvidar la tintorería Belgrano de don Roque Carrizo, donde viéndolo trabajar, aprendí a planchar sombreros, cepillar pantalones, etc.
No muy lejos, el negocio de fantasías del Señor Okamoto, japonés muy apreciado por los vecinos por su trato cordial y honesto.
La pizzería y despacho de bebidas de los Hnos. Scolari, era frecuentada solamente por hombres. Allí, Maneco, pintor de brocha gorda, comía pizza, con el viejo Valeija, espiritista solitario, colchonero a domicilio que hablaba solo y difundía sus ideas defendiendo el respeto por la naturaleza y la ecología.
El no vidente don Manuel Urbano tocaba tangos y hablaba de su pasión por San Lorenzo, de Lángara y Rinaldo Martino.
Los domingos, antes de viajar al hipódromo de barrio Jardín en Córdoba, don Hércules Haguina, yerno del Dr. Caferatta, almorzaba un bife a caballo con ensalada criolla, y entre albañiles, pintores de brocha gorda, bohemios y trasnochados, este distinguido aristócrata, hablaba de caballos, fijas y redoblonas.
Rubrica estos recuerdos, un personaje legendario, don Héctor Gulfo, montando un caballo alquilado, se pasea majestuosamente por la Avda. Belgrano, impecable, vestido de blanco con botas, sombrero negro y un glorioso poncho enmarcando su varonil estampa.
Son recuerdos del pueblo convertido en ciudad, que la nostalgia mantiene inalterable...
(1) Jacobo (Yaco) Bijman, nació en Alta Gracia, Provincia de Córdoba, Argentina. Llegó a Israel con su familia en 1977. En 1996, siendo integrante de los talleres de Samuel Pecar y de Jaime Motlis, comenzó a escribir poesías y relatos cortos. Sus trabajos fueron publicados en antologías y en 2012 en la “Antología del 32 Congreso Mundial de Poetas”.
Escribió para la serie “Historias de Alta Gracia” y en la revista “Entre Líneas”. Su poesía “Púber neto” obtuvo el tercer premio de poesía en el certamen literario “El siglo XXI organizado por AIELC. Forma parte de la Comisión Directiva de AIELC.
Siguiendo con escritos de periodistas y amigos de Alta Gracia, hoy nos toca reflejar lo que alguna vez publicó Cristian Moreschi en uno de sus libros "Caminos de la Historia". Gracias Cristian por permitirnos compartirlo.
Julio Conforti tuvo a su cargo uno de los dos kioscos que estaban en la vieja terminal. No hace mucho nos contó sobre aquellos años...
Un recuerdo personal de este periodista, pero que forma parte de la memoria popular de barrio Gallego. El Almacén "Los Hermanitos". El del gallego y de Doña Mary.
Juan Gumersindo Quinteros. De caddie a jugar un Mundial. El golf en sus venas para el mejor de todos los tiempos en nuestra ciudad.
Horacio tal vez sea el resumen de todo lo que expresa la famosa frase de “la pelota siempre al 10”. Es que su sola presencia en cancha, durante años, fue un seguro de buen fútbol, de botín inteligente. De pase bien dado y jugada bien terminada.