


Tejiendo historias: Revivimos Alta Gracia textil
juan carlosPara ensayar una historia de la industria textil de Alta Gracia elegimos conversar con el querido Pepe Valdéz. Amén de su increíble memoria, él mismo formó (forma) parte del devenir histórico de esta rubro en la ciudad. Esta nota está elaborada en base a su riquísimo testimonio.
La historia textil de Alta Gracia nace de un emprendimiento educativo municipal.
Usted se preguntará: ¿Qué tiene que ver el municipio con los inicios de la industria textil en Alta Gracia?
“El Hotel Suizo lo había tomado la Municipalidad. Era un inmueble muy grande que ocupaba buena parte de la manzana y hacía frente en la esquina de Belgrano y Olmos (hoy hay una casa de cambios). Allí funcionaban varias dependencias e incluso se guardaban los vehículos municipales. También estaban las oficinas del Registro Civil, frente a lo que eran los locales de Don Gregorio Schaffer. Total que el entonces intendente Héctor Llorens arma una Escuela de Artes y Oficios en el edificio que fuera el Hotel Suizo. Fue lo que se conoció como el Colegio Libre. Los hombres aprendían diversos oficios y las mujeres tejían a mano. De eso se trataba” cuenta Pepe.
Total que a fin de año de expusieron todos los trabajos realizados, entre los cuales estaban los de las tejedoras. Eran ponchitos que se cardaban también manualmente para hacer el tejido más bonito. Eso se vendió muchísimo y entre los que compraron y observaron el movimiento estuvo Don Salomón Lapidus (padre de quien tenía una casa de fotos famosa por la época).
Lapidus, entusiasmado con esa movida fue a Buenos Aires y trajo desde allá un equipo de telares. Algo básico, que era una fileta y un urdidor, que permitía comenzar a trabajar a una escala algo mayor.
Fue él quien primero compró equipos y se instaló en la Avenida Belgrano por donde hoy está el Hotel Ritz, casi al frente de la Mueblería Don Luis.
Precisamente Don Luis Bijman le pedía, intrigado, ver los telares y Lapidus se lo negaba sistemáticamente. Entonces, Bijman fue a Buenos Aires, averiguó y compró máquinas iguales a las de su vecino. Las instaló en nuestra ciudad y puso el emprendimiento a cargo de su hijo Natalio (“Toto”).

Natalio "Toto" Bijman
Instaló la primaria fábrica primero en su casa y más tarde compran en calle San Juan Bosco. Allí hubo un incidente con una bomba molotov –algo relacionado con cuestiones sindicales, nunca aclaradas- y es cuando Antonino Fidalgo, que también tenía algunas máquinas, le alquila un local frente a Plaza Mitre, que era de los Antún, al lado de la tienda. Toto Bijman se traslada allí hasta que nuevamente pone en marcha la fábrica. Nacía formalmente la mítica Tadar.
O sea, esto del textil regional comenzó con un emprendimiento escolar, educativo, que visionarios lo convirtieron en una industria que representó a Alta Gracia en el país.
Pero hay otra historia...
Otra historia que se entrelaza con ésta. Para ubicarnos en el tiempo, hablamos de los años de la Segunda Guerra Mundial. Oscar Rodríguez Ares tenía unos telares cerca de la avenida del Libertador. Pero su producto era otro: tejía bolsas de arpillera, que en aquellos tiempos eran muy utilizadas en varios rubros y eran muy requeridas. Todo iba en bolsa, todo se embolsaba. Y la materia prima para fabricarlas venía de la India, posesión británica.
Como los ingleses son memoriosos y recordaban la inclinación germanófila de Argentina, no mandaron más hilados. O sea, no hubo más materia prima para tejer. Rodríguez Ares tuvo que bajar las persianas y dedicarse a otra cosa.
Pero…trajo a un señor que fue quien generó que Alta Gracia tuviera una cantidad muy importante de fábricas: Don Fernando Francisco Juan Cristiani.

Don Fernando Francisco Juan Cristiani
Lo trae Rodríguez Ares como capataz. Cuando la fábrica cierra, comienza con su nuevo emprendimiento: una fábrica propia, aunque de prendas con lana de cabra, o de llama. Pero también comienza a “vender” fábricas. El las instalaba y comenzaron a crecer pequeños emprendimientos en toda la ciudad.
Años de expansión
De esta forma, aparecen muchos talleres textiles. “En el Crucero estaba Pontoriero, luego estaba el Carli Polke, un señor Asigliano. Surge Rubén Geremía en la esquina de Olmos y Dalinger. Cada uno tenía su fábrica. Quienes también compraron telares fueron el Fena Morcillo junto a Hugo Arrieta. Fue un boom”.
También estaban los antiguos como Tadar, don Antonino Fidalgo, Pelacchini y Sosa y los Antoniácome (dos hermanas y un hermano) que estaban en calle Agustín Aguirre, entre Olmos y Paraguay.
La historia sigue con muchos más textiles. Possi y Menzio (Ecuador y Belisario Roldán), Rubén Ferrero, entre otros. Y todos trabajaban bien. Era un hilado grueso que permitía fabricar rápido las prendas. Eran emprendimientos que crecieron y dieron trabajo a mucha gente en la ciudad.
Estaba La Alpaqueña a metros de la plaza Mitre. También Murúa y Mitrano; Compagnucci con Carreño. Eran realmente muchas las fábricas. Todo ello con el impulso de este hombre, Cristiani que hizo que Alta Gracia se convirtiera en el centro textil de Argentina de tejidos regionales.
La Alpaqueña era originalmente de Carlitos y Miguel Amiune (los originales dueños de la Texto Fabril), con Pites y Juan Carlos Bossi. Luego le venden a Espíndola y a Alberto Rodríguez Rudelat. Fue otra fábrica que tuvo mucha gente trabajando.
Leopoldo Munch tuvo otra fabriquita. Hoy sigue su hijo con el emprendimiento.

La Manufactura Textil
“Cacho” Liberali era empleado de la Texto Fabril y decidió realizar un emprendimiento propio junto a Raúl Fuentes, el “Gaucho” Vicente y Rossi. Se instalan primero en calle Núñez.
Luego Liberali, más consolidado, la instaló en Lucas V. Córdoba y Ferrer Moratel. La fábrica trabajaba en tres turnos de ocho horas, noche y día. Años después, siendo propiedad solo de Liberali, se mudaron a una nueva instalación, cerca de la Rotonda Fangio, con una estructura muy moderna.
Las textiles, hoy
Este boom empresarial generó una microeconomía muy particular en la ciudad. Y en ese marco, a algunos les fue muy bien, otros sobrevivieron y otros fueron quedando en el camino.
Pepe hace un repaso del presente: “Hoy en el rubro está el nieto de Cristiani, está Marín con un pequeño taller familiar y quedan Bersezio en la calle Reconquista y mi hijo en la fábrica en la esquina de Luppi y Saavedra”.
Es así, algunos mueren y otros crecen. El auge se dio en la década del setenta, y tuvo duración hasta principios de los ochenta, con los vaivenes propios del país.
Una historia personal
Pepe Valdéz durante años se vincló al rubro textil. El mismo lo cuenta: “En Tadar ingresé como vendedor. Yo venía del rubro inmobiliario y me preparé a través de cursos que se dictaban en el Sierras Hotel y en Córdoba. Eso me permitió adquirir herramientas para las ventas. A la vez, estaba de asistente de esos cursos donde concurrían entre otros Yaco y Toto Bijman, el padre de Roberto Pássera, Don Angel Faoro y su señora. Todo eso me capacitó para emprender el camino de las ventas".
“Los Bijman me invitaron a hacerme caso de la gerencia de ventas de Tadar. Toto Bijman (Natalio Moisés Bijman) fue el “capo” de Tadar y él me contó la historia que hoy estoy contando”, acota Pepe.
Tadar tenía casi 90 personas trabajando en la fábrica y más de 150 puertas afuera entre terminadoras a domicilio y costureras. Le daba de comer a casi trecientas familias y muchos se jubilaron por su trabajo en esta fábrica.
A ese nivel estuvo la industria textil en Alta Gracia, y si le sumamos las demás fábricas que había, uno se da una idea de lo que significó para la ciudad.
Hoy, los productos que se fabrican van de la mano de las exigencias del mercado y eso hace que algunos se mantengan en el tiempo y otros bajen las persianas.
“En Tadar estuve 13 años, siempre en la parte ventas. Tadar creció tanto que la fábrica quedó en San Juan Bosco y nosotros teníamos la exposición y venta en Urquiza y Mateo Beres. Ese local quedó chico y luego fuimos a calle San Martín casi Belgrano, donde estaba venta y terminación. Se expandió muchísimo. Tal vez demasiado para una industria que nació familiar”.

“El Telar” es el nombre de la empresa familiar de Pepe Valdéz. Comenzó en la década del noventa, cuando luego de un cumpleaños tomó contacto con Rubén Ferrero (a quien conocía por el tema de las obras de teatro). De la charla surgió el ofrecimiento por parte de Ferrero de venderle la fábrica que tenía en calle Alem, en barrio Poluyán. Era un establecimiento bien precario, un pequeño galpón y unos telares que llevaban años sin trabajar.
“Hablé con Don Fernando Cristiani para que vea las máquinas, que eran viejísimas (eran de los que se llamaban “telares garroteros”). Así y todo se las compré y las fuimos adaptando a las nuevas técnicas, modernizando todo. Me instalo en el mismo lugar, fabricando unas bufandas que acá no se fabricaban y eran novedad. Así empecé con la industria textil propia”.
Tadar, una tradición...
La fábrica Tadar, con el correr de los años, se convirtió en símbolo de la industria textil regional en el país. Los grandes festivales se engalanaron con los ponchos especialmente confeccionados y los principales artistas los lucían orgullosos.
Así, desde Jorge Cafrune hasta Soledad, pasando por Julia Elena Dávalos o Víctor Heredia, vistieron los productos Tadar en los grandes escenarios de la música argentina.
¿Mito o realidad es que los ponchos que se vendían en la Quebrada de Humahuaca eran de Tadar?
La respuesta la tiene Pepe a través de una anécdota: “La suegra del Escribano Barceló un día se fue al norte y volvió con un poncho salteño. Le contó a la hija y ésta se rió mostrándole la etiqueta de Tadar. Era así, Alta Gracia vendía ponchos y regionales a todo el país".
Pero no solo eso. Tadar también fue la encargada de bordar un poncho para la Fábrica Militar de Aviones cuando se presentó el Pucará en Francia, por ejemplo.

De la historia narrada en primera persona por Pepe Valdéz quedan varias aristas dignas de ser resctadas.
La primera de ellas hace referencia a cómo una política de estado (en este caso municipal) puede derivar en la transformación industrial y laboral de una ciudad.
Por otra parte, la historia misma de la industria textil local marca las diferentes formas en que los emprendedores supieron (o no) adecuarse a los vaivenes del mercado.
Y por úlitmo, una reflexión que resulta inevitable hacer. Alta Gracia fue polo textil nacional. Pero también fue referente en cuanto a la fabricación de bebidas, tuvo una industria del plástico que abasteció a todo el país, una fábrica de vidrio que vendió a toda la Argentina, curtiembres que llegaron a exportar y moliendas que colocaron productos en toda la geografía nacional.
Un escenario que hoy no existe, que es solo nostalgia y que ojalá este bendito país permita alguna vez poder recuperar.


BARRIO GALLEGO: EL BARRIO QUE VIVE Y EXISTE EN EL ALMA DE SUS VECINOS



