Esta historia, como tantas otras, nace de la fuerza creativa de la juventud. Pibes, adolescentes que a partir del fenómeno Beatle decidieron que acá, en la otra punta del mundo, también se podía hacer algo distinto a la hora de tocar música.
Dante no fue goleador. No fue arquero imbatible. Tampoco un férreo defensor ni un hábil volante. Su vida y su trayectoria no transcurrieron con los “cortos”, pero vaya si estuvieron relacionadas con el fútbol.