Desde hace más de siete décadas, el apellido Murúa es sinónimo de curtiembre y peletería. Hoy, reinventados a los nuevos tiempos, siguen siendo líderes en un rubro que fue señero en Alta Gracia.
Dante no fue goleador. No fue arquero imbatible. Tampoco un férreo defensor ni un hábil volante. Su vida y su trayectoria no transcurrieron con los “cortos”, pero vaya si estuvieron relacionadas con el fútbol.