Entre mis recuerdos de niño (ya hace un buen puñado de décadas, debo decir) estaban unas extrañas carreras de autos que pasaban, vuelta tras vuelta, por el frente de mi casa.
Dante no fue goleador. No fue arquero imbatible. Tampoco un férreo defensor ni un hábil volante. Su vida y su trayectoria no transcurrieron con los “cortos”, pero vaya si estuvieron relacionadas con el fútbol.