"EL AMÉRICO" ¿hace falta mayor presentación?

Américo Moreschi, su vida y sus sentimientos durante casi nueve décadas.

Cosas Nuestras 29 de mayo de 2022 juan carlos juan carlos
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Compartir un rato de charla con Américo siempre es grato. Su cordialidad, su , permiten conocer en la conversación a un cultor del amor por su ciudad, y a una persona que hace de la amistad una cuestión de vida.

Américo Moreschi festeja su cumpleaños con la Patria. El 25 de mayo cumplió 88 años bien vividos y disfrutados.

“Hay personas que eligen recorrer el mundo, yo preferí siempre hacer mi vida en Alta Gracia”, dice, y sigue contando: “Nací en el campo, en lo que se llamaba Camino a la Lagunilla y ahora se conoce como Camino de los lecheros”.

Nació en 1934 en un lugar que estaría ubicado en terrenos que hoy pertenecen a Villa del Prado.

“Mi vida de niño o joven no fue ni buena ni mala. Eso sí, muy sacrificada ya que había que levantarse a las 3 y media o cuatro de la mañana, empezar desde muy chico a trabajar y así fuimos criándonos todos los hermanos”.

¿La familia? “Papá siempre buscó la manera de progresar y criar esa familia numerosa en un campo reducido y con su tambo. A todo le buscaba la vuelta junto a mi mamá que criaba pollos, tenía su quinta, hachaba la leña y se las arreglaba para que nunca falte nada en la mesa”.

Fue el tercero de cinco hermanos (Cuco, Yoly, Américo, Carlos y Orlando).

“Cursábamos el colegio en la Santiago de Liniers. Veníamos a caballo y lo dejábamos cerca del Tajamar, o en el corralón de la policía. O si no, cuando repartíamos la leche, dejábamos el guardapolvo en la librería de la mamá del Tito Avila y cuando terminábamos lo pasábamos a buscar e íbamos a la escuela”.

Cuando podían robarle un rato al trabajo y la escuela, iban a jugar al básquet al Club Sporting. Sus abuelos y tíos vivía cerca y eran sinónimo de esta institución. Allí aprendió a amar el deporte.

“Cursé solamente la primaria, acá no había secundario y para hacerlo, había que ir hasta Córdoba, hasta el Manuel Belgrano. Los que iban, viajaban en el ómnibus Rayo de Sol o en el ferrocarril. En mi caso, trabajaba en el campo y elegí seguir en ese camino”.

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La música, su gran amor

“Cuando nos vinimos a la ciudad, vivíamos en la esquina donde ahora está HAI”. En esa casa nació su otra pasión: la música y el canto. En esa casa nacieron nada menos que Los Runa. “Las melodías nacen del alma, de los momentos alegres o tristes y todos las llevamos incorporadas. Mi mamá cantaba muy bien y nosotros en casa escuchábamos valses y tangos cantados por ella. Luego llegaron Los Chalchaleros que revolucionaron todo el folclore. Fue algo extraordinario cuando aparecieron. Trajeron un estilo norteño que nos cautivó a todos. Aparecieron cientos de conjuntos con tres guitarras y un bombo, por ejemplo. De ahí que siento pasión por la música hasta hoy. No concebiría mi vida sin la música”.

Américo canta con un sentimiento muy especial. “Todos los días me propongo aprender más. En este momento estoy con Lolo Masgoret, y sigo aprendiendo. En el Templo de la Música, los viernes, estoy desde siempre, es un lugar muy especial”.

Los Runa

"Aparecimos a principios de los años 60. Nos juntábamos en casa a escuchar Los Chalchaleros y Los Fronterizos por radio y un día cayó el Negro Yocco, agarró la guitarra y empezamos a cantar. El nos ordenó, con, Toto Valdez como primera voz”.

"El grupo original, que se redujo de todos los que eran, a 6 estuvo integrado por los dueños de casa: Carlos y Américo Moreschi, Horacio "Coco" Gomez, Benjamín "Toto" Valdez, Carlos "Bebe" Martínez y Ovidio Yocco. Ovidio Primera guitarra, Carlos, Bebe y yo acompañando, Toto y Coco en bombo. Así comenzamos. La primera presentación en público fue el 11 de noviembre de 1958 en el Cine Monumental”.

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Al servicio de la ciudad

Persona del “si” fácil, Américo Moreschi fue Presidente del Centro de Comercio, Presidente del Aero Club, concejal de la ciudad, dirigente deportivo… su vida social fue siempre muy intensa y activa.

“En la familia nunca fuimos de encabezar instituciones, pero yo, por vocación, siempre pensé que tenía que participar, que entregar algo de mí a la sociedad. Siempre sentí que podía ser útil y devolverle a la ciudad algo de lo mucho que me había dado. Tuve y tengo vocación de servicio, y también me sirvió todo lo que mi familia había sembrado en Alta Gracia”.

Sobre su paso por la política, es claro: “La política la considero lo más alto como elemento de transformación. La política se ha ido convirtiendo en mala palabra, pero hay que diferenciar entre el político y la política. La política bien entendida es la mejor herramienta para mejorar una sociedad. Me gustaría haber hecho más en la política, me quedé con ansias de un poco más”.

Afiliado al radicalismo, abrazó sus ideales desde siempre y los reafirmó a partir del retorno de la democracia en 1983. Sus orígenes como dirigente habría que buscarlos en su juventud: “Empecé a trabajar en una comisión en Sporting, donde me invitó mi tío. Luego estuve en el Centro de Comercio, donde fui varios años presidente. Coincidió con el tiempo en que estuve de consejero en el Banco Provincia de Córdoba. También en el Aero club, en los Bomberos Voluntarios, la Cooperado Policial y hasta en la comisión organizadora de Colectividades". Lo que se dice, una verdadera vocación de servicio.

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Los amigos

Como se desprende de todo lo dicho, Américo ha sabido cosechar a lo largo de su vida, muchísimos amigos.
“Podría nombrarte al Coco Gómez, al gringo Montanari, el Chicho Ochoa podría ser el número uno. Además, primos que han sido grandes amigos como el Colorado Rodríguez y grandes amigos de distintos grupos como Carlitos Peña, Omar Lobos, Toto y Pepe Valdéz… nombro a algunos y quedo mal con muchos, pido perdon”.

Y si, es que una vida social tan completa no puede quedarse huérfana de amistades.

No hace falta más que asomarse -por ejemplo- un viernes a la noche por el Templo de la Música para comprobar que su culto por la amistad sigue cosechando hasta el día de hoy. O caminar un rato por la calle junto a él, y detenerse a cada paso, siendo saludado por todos.

Así es Américo Moreschi. Nacido en la cultura del trabajo desde muy chico, lo que no le dio la escuela se lo brindó la calle. Lo que no obtuvo en las universidades lo consiguió aprendiedo de lo que veía y vivía.

Alguien, alguna vez, dijo que no hay que confundir popularidad con prestigio; popular puede ser cualquiera, al prestigio hay que ganárselo. Y Américo lleva casi nueve décadas ganándoselo día a día.

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