
Julio Conforti tuvo a su cargo uno de los dos kioscos que estaban en la vieja terminal. No hace mucho nos contó sobre aquellos años...
Horacio tal vez sea el resumen de todo lo que expresa la famosa frase de “la pelota siempre al 10”. Es que su sola presencia en cancha, durante años, fue un seguro de buen fútbol, de botín inteligente. De pase bien dado y jugada bien terminada.
20 de marzo de 2025Horacio tal vez sea el resumen de todo lo que expresa la famosa frase de “la pelota siempre al 10”. Es que su sola presencia en cancha, durante años, fue un seguro de buen fútbol, de botín inteligente. De pase bien dado y jugada bien terminada.
Horacio es el “Chupado” López y hace no mucho tiempo decidió colgar los botines luego de cientos, miles de partidos. Conocido y reconocido en todas las canchas, respetado y admirado es el símbolo del fútbol mismo. Y hoy nos cuenta su historia:
“Nací en la zona de La Isla, y de ahí me vine a jugar a Alta Gracia. Era muy chico cuando ya me metía en los partidos de los más grandes, en la cancha del Cerro. Por mi físico, mi habilidad y mi edad, vivía en el suelo y por eso un día el Oso Rivarola dijo: parece que estuviera chupado. Y ahí me quedó el apodo para toda la vida”.
En la vieja Liga de Baby Fútbol de Alta Gracia, jugó en Defensores de Don Bosco. De allí fue seleccionado para representar a Alta Gracia en los Juegos Evita. “Teníamos un equipazo bárbaro. Jugaban Fernando Cantarini, Mariano Sánchez, José Quintana, entre otros. Le ganamos a Estudiantes de Río Cuarto en la cancha auxiliar del Chateau y clasificamos para la final con la Liga Cordobesa que dirigía la Wanora Romero que cuando terminó el partido me dijo: ´hijo, usted tiene que venir a Talleres´.
Pero la historia de Talleres tuvo antes capítulos de fútbol de inferiores en Belgrano, donde no pudo seguir porque su padre nunca le dio permiso. Incluso pudo ir a River, pero claro, el visto bueno familiar nunca llegó.
La chance de Talleres le llegó a los doce años. Fue el propio Romero quien se vino a Alta Gracia para buscar al padre de Horacio para que firme.
“Jugaba en Quinta y en Cuarta Especial cada fin de semana. En la Reserva dirigía Talamonti. A los cuatro meses, la Wanora me llevó a la reserva y a los 16 años firmé contrato con Talleres. En ese equipo compartí por ejemplo con el Negro Juan Luna. Me acuerdo que me pagaban con un cheque que cambiaba en Salto 96”.
Cuando le tocó el servicio militar, tendría que haber ido a San Martín de los Andes, pero Nucetelli habló y lo mandaron a la Escuela de Aviación. “Me dejaban salir todos los días para ir a entrenar. Me iba a las 7 de la mañana y volvía a las 10 de la noche”.
Su historia en Talleres terminó cuando nació su primer hijo. Fue que decidió no ir más, que lo más importante era la familia. Toda una decisión de vida”.
“Un tiempo más tarde nació el Deportivo Norte y me fue a buscar Elo Najle junto con Bessone, el Gordo Vázquez y el Pocho Evangelista. Le compraron mi pase a Talleres, yo arreglé mi situación y mi contrato y así formé parte de la primera formación del Depo”.
El primer equipo del Deportivo Norte debutó en un amistoso en cancha de Banfield. Esa tarde jugaron el Bicho Rabinsky, Fico Cuello, Julio Ceballos, Jorge Heredia, Cacho Chavero, Alfredo
Cuello, Juan Carlos Manzanelli, el pájaro Negrete, el Puchi Alonso, el zurdo Gutiérrez y por supuesto, el Chupado. Un equipazo con Mingo Ceballes como Director Técnico.
Con ese equipo, el Depo llegó a jugar contra Estudiantes de Río Cuarto un Regional. Jugaba la Liga, el Provincial y de ahí al Regional. “Jugábamos y ganábamos en todas las canchas. Dejamos afuera a Instituto, entre otros. Además de ser un gran equipo éramos un grupo muy unido, donde todos peleábamos por todo”.
Con el tiempo fueron sumándose otros grandes jugadores como Carlos Almada, el Chueco Argüello, el Gallego Bazán, el gordo Argüelles, el loco Gallo. Fue en los tiempos de Carlos Mutigliengo como técnico.
“Jugué mucho tiempo en Deportivo Norte y de ahí me fui a Banfield donde jugué un par de años. Pasé luego a Colón. Con lo que cobré del año y los partidos en Colón, me compré un auto. Así se manejaban por entonces en la Liga.
De Colón volví a Banfield. Luego a Almirante Brown, a Tiro Federal de Cosquín. Jugué también en Cruz del Eje. En la Liga de Punilla me fui a jugar al campo, anduve por todos lados.
Al Depo volví como técnico y como jugador, luego del paso de Osvaldo Coloccini. Me habló el Pocho Evangelista y volví junto con Coli que dirigía la Reserva”.
Horacio era bien pibe cuando desde La Isla vino con su familia a Alta Gracia. Tenía 10 años. Jugó en la Liga de Baby, de donde salieron muchos cracks como Osvaldo Coloccini, Víctor Hugo De la Fuente, Fernando Cantarini, el Conejo Albornoz, el Pelusa Urruti, el Negrito Pelé…
Hay conceptos que definen a una persona. Y si no, veamos lo que dice Horacio:
“Nunca tuve enemigos en el fútbol. Con todos me llevé bien porque siempre me moví con respeto. Si había algo en el partido, quedaba ahí. Nunca sobré a nadie en una cancha”.
“Los defensores en la Liga Santa María eran todos duros. ¡Había que jugar contra ellos!. Pero yo siempre sabía que si adelante tenía un muro, a ese muro lo tenía que pasar como fuera. Siempre encaraba y nunca tuve problemas con nadie”.
“Del técnico que más aprendí fue de Labruna. Lo tuve en Talleres a los 16 años. En ese momento jugaba en Reserva. También Mingo Ceballes, acá en el Depo, otro maestro”.
“Yo siempre cobré para jugar. Peleé por hacer valer lo mío y a cambio me entregué entero por la camiseta que defendía. Yo pedía, pero también daba, los que me hayan visto lo saben bien”.
“Otro gran equipo fue el que formaba con Alejo Arzubialde; Geri Cuello, Coli Pedernera, Lopito y Hugo Cisterna; Cacho Chavero, el Negro Vera y yo. Adelante Topín, el Sapito Ledesma y Jorge Heredia. Luego subió Ariel Quintero, llegaron el Japo Castro, Armando Cuello, Carli Moreno, el Gallego Martínez, Marcos Evangelista. Salimos campeones varios años seguidos. El técnico era Pluma Rodríguez.
Durante la charla surgió muchas veces la palabra “jugar”.
“Para mí siempre fue un juego esto. Donde fui siempre me hice valer, pero para mí esto siempre fue un juego. Me pusiera la camiseta que me pusiera, siempre dejé todo. Si me pedías que jugara diez partidos en un día los jugaba y disfrutaba hacerlo. Siempre fue una diversión para mí. Desde chico cuando dormía abrazado a una pelota. Soy un tipo que fui feliz jugando al fútbol”.
“Jugué federado hasta los 38 años. Luego mi hermano me llevó al Anglo, a Mandingas hasta que hace unas semanas decidí colgar los botines”. En Mandingas, Horacio sufrió una terrible lesión. Pero supo reponerse y sacar fuerzas y ánimo para volver luego de 12 años de estar parado y sin jugar.
“Ahí en Mandingas hice amigos de fierro, gente que nunca me dejó solo en todo el tiempo que los necesité en mi recuperación. En Mandingas si le pasa algo a uno, les pasa a todos. Es un grupo que va mucho más allá de los partidos, es una familia. Eterno agradecimiento a los muchachos”.
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Juan Gumersindo Quinteros. De caddie a jugar un Mundial. El golf en sus venas para el mejor de todos los tiempos en nuestra ciudad.
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