
Oscar "Chancleta" Olmedo: de profesión goleador
Oscar desde chico cargó con un sobrenombre que le quedó para siempre. El "Chancleta" se hizo conocido a fuerza de jugar al fútbol y se convirtió en ídolo a puro gol.


Peleó el puesto con Mario Kempes. Jugó junto a Osvaldo Ardiles, Daniel Willington, Miguel Oviedo y José Omar Reinaldi. Enfrentó a Diego Armando Maradona. Se cansó de hacer goles y salir Campeón...
Alta Gracia DeportivaAyer
juan carlos
Miguel Argüello fue un artillero implacable, un delantero casi imposible de marcar y que cuando pisaba el área por lo general terminabas sacando del medio. Tuvo un recorrido muy importante y bueno es poder rescatar su trayectoria y vida.
Para el “Chueco” el fútbol fue todo en su vida, y la pelota significó lo más sagrado, desde su más temprana edad.
Para trazar una semblanza de lo que fue la vida y la carrera de Miguel “Chueco” Argüello apelamos a los recuerdos de sus hijos Mauro y Alejandro, y de Mary, quien fuera su esposa.
“Empezó jugando en el equipo de Estrella Roja, en el Oratorio Salesiano y de la mano del Maestro Bútori. Tenía 7 u 8 años y ya se destacaba entre otros pibes”. Curioso porque eran varios hermanos y el único al que se le despertó el amor por el fútbol fue a él. 
Total que el Maestro Bútori (que algo entendía de estas cosas) se dio cuenta que el pibito era distinto. Lo convocó, lo invitó a jugar en Estrella y hasta lo llevó hasta La Favorita y le compró las zapatillas y el equipo para que pudiera entrar a la cancha. Pero en la charla con sus hijos, surge una sorpresa:
“El dato que pocos saben es que en ese equipo, mi papá era el arquero. Llegó a ser campeón con Estrella Roja en Córdoba, jugando al arco. En ese equipo jugaba el Huguito Silva, o el Culín Tapia, por ejemplo”.
Pero hay más recuerdos de aquel inicio de pibe: “En los festejos, lo que era chiquito, lo metieron adentro de la copa que ganaron cuando llegaron a la entrada del barrio”.
De Estrella Roja, el “Chueco” fue para Banfield, el club de su barrio querido, la República de Villa Oviedo.

Con la camiseta albiverde volvió a destacarse. Tanto que fue el comienzo de una larga, extensa y muy exitosa carrera.
Vistió unas cuantas camisetas importantes de la Córdoba futbolera de aquellos tiempos. Lavalle, Instituto, Belgrano, Estudiantes de Río Cuarto, Alumni de Villa María… y en muchos casos, se coronó Campeón. Obviamente, luego de tantos partidos, recaló en aquel enorme equipo del Deportivo Norte que llegó a semifinales del Regional.
En Instituto no tuvo lugar. Tenía que pelear el puesto con un tal... Mario Alberto Kempes y eso hizo que fuera a buscar su destino en otro lado. Pero antes, compartió plantel con “nenes” como Osvaldo Ardiles, Alberto Beltrán, Daniel Willington, José Luis Saldaño y la “Cata” Oviedo.
Recaló en Lavalle, en tiempos que los de San Vicente hacían roncha en la Liga Cordobesa.

En Belgrano compartió equipo, entre otros, con Carlos Vaca, Fernando Moreschini y Angel Suspichiatti.

En Estudiantes de Río Cuarto fue Campeón de Liga y de ahí partió a Alumni, donde jugó con Huber Piozzi, Miguel Ludueña, Roberto Corró y tantos otros cracks. Allí también dio la vuelta olímpica, dicho sea de paso…
En Deportivo Norte conformó una escuadra histórica junto a figuras como el Gordo Argüelles, Cacho Chavero o Fico Cuello, por solo nombrar a algunos de ellos. Todos dirigidos por Carlos Mutigliengo en una campaña que tuvo al Depo a minutos de jugar nada menos que un Nacional.

Pero ya que estamos de nombrar jugadores, volvamos en el tiempo y digamos que en Banfield compartió equipo con Carlos Almada, Hugo Silva, el Nene Isola, entre otros. En otras formaciones jugó con esa camiseta junto a otros enormes jugadores como Peludillo Iriarte y Miguel Bazán.
Todavía se recuerdan lo que eran los clásicos ante el Cerro, allá en cancha de Ferroviarios donde era poner el pecho y aguantar lo que venga de afuera del terreno de juego.
Como dijimos, el Chueco defendió varias camisetas, y con todas fue figura.
A través de los años disfrutó tener unos cuantos técnicos importantes como el Zurdo Miguel Angel López, Yamil Simes o Roberto “Pipo” Ferreiro”.
El “Chueco” completó una carrera enorme, convirtiendo una gran cantidad de goles. “No era un nueve común, era muy maldito. Usaba todos los trucos para ganar una pelota en el área. Era bravo, pero además se la bancaba si algo venía de vuelta”, cuenta Alejandro, quien lo siguió durante buena parte de su carrera como futbolista.
“MI papá tenía una maña que la usaba de vez en cuando, cuando encontraba un árbitro que no lo conocía. Sabía imitar a la perfección el silbato del árbitro. Recuerdo una vez en cancha del Deportivo Norte. En un ataque del rival, el delantero quedó solo frente al arquero y mi papá hizo el sonido del silbato… el delantero no entendía nada y la terminó tirando afuera creyendo que el árbitro había cobrado algo…Así de mañero y bravo era mi viejo”.
Para alguien surgido en las entrañas de La Leonera, jugar contra el equipo de “su” barrio no era nada sencillo. En Villa Oviedo, el Chueco era Gardel. Pero así y todo, cuando tocaba jugar en contra de Banfield, le hacían sentir el rigor.
Y si no, que lo cuente su hijo: “Yo era chico y lo sufría cuando venía a jugar para el Depo contra Banfield. Yo jugaba en la Quinta y los jugadores más grandes me decían que le iban a pegar, y yo lloraba, la pasaba muy mal. Llegaba a casa y le rogaba que no jugara... Es que los muchachos eran bravos y sabían cómo pegar, y pegaban duro. Pero mi papá era tan bravo como ellos y se la bancaba de diez”.

Fue un caluroso sábado del 22 de diciembre de 1979. Diego venía de consagrarse Campeón del Mundo en el Juvenil de Japón unos meses antes y era la figura naciente del fútbol argentino.
Dirigidos por el Zurdo Miguel Angel López, Argentinos Juniors llegó a la Plaza Manuel Anselmo Ocampo para jugar ante un Alumni “reforzado” por un hijo pródigo de la ciudad: la Pepona José Omar Reinaldi.
Más de 1.500 personas repletaron el escenario para disfrutar del partido... y de Diego.
Un Maradona que jugó, se divirtió, se sacó fotos con todos y además convirtió dos goles. Uno de ellos de tiro libre, para que el “Bichito” ganara 5 a 2.
Y enfrente, estaba Alumni. El albirrojo villamariense que tenía en Henry Rapetti a su gran capitán, a Miguel Ludueña como estandarte en el medio campo y al Chueco Miguel Argüello como uno de sus goleadores. Ah... y a la Pepona Reinaldi como refuerzo invitado.
Las crónicas cuentan que cuando promediaba el segundo tiempo, toda la cancha se puso de pie para verlo a Diego dirigirse a los vestuarios, con un amplio aplauso de regalo. Fue segundos después de haber anotado un golazo, el segundo de su cuenta personal. Sin dudas una jornada inolvidable para los villamarienses, y que tuvo a Miguel Argüello como uno de los protagonistas.
Miguel era precisamente eso, un muchacho de barrio. Nacido y criado en las calles de Villa Oviedo, conocía al detalle cada rincón, cada esquina, cada potrero de ese popular sector de Alta Gracia.Y a cada protagonista de la vida diaria, claro.
“A Miguel no le importaba tener, sino dar. Siempre estaba dispuesto a ayudar a alguien, aún a quienes no conocía, si les hacía falta”, cuenta Mary recordándolo.

Una Mary que lo conoció de muy chico, de tiempos escolares: “Lo conocí de toda la vida, fuimos al colegio juntos acá en el barrio, en la Hipólito Yrigoyen. Nos casamos en el año 1970, él tenía 20 años y yo apenas 17 y hasta el último día de su vida compartimos muchísimas cosas. Era un hombre de hacer amigos en todas partes, de hacerse querer por la gente. Le gustaba salir a que diéramos una vuelta juntos por el centro, compartir siempre”, agrega Mary.
Es que el “Chueco” era así, un tipo simple, bien de su barrio, bien de su calle y de su gente.
Capaz de convivir entre el fútbol que fue su pasión y el trabajo en la Municipalidad, que lo llevó desde la sección Compras hasta el Matadero, siempre generando nuevas amistades y relaciones humanas que lo convirtieron en una persona que se extraña.

“Los fines de semana eran a todo fútbol. Cuando jugaba en Villa María terminaba el partido y esperábamos el colectivo a la noche para volver. A Córdoba y ahí a esperar hasta las 6 o 7 de la mañana para venir a Alta Gracia. Yo iba para casa y él pasaba directo a trabajar en la Muni”, cuenta Alejandro.
El fútbol fue su vida. Vivió por y para la pelota y dejó el corazón en cada partido que jugó y para cada camiseta que defendió. Fue Campeón muchas veces, goleador histórico en algunos clubes donde jugó.
Miguel Argüello fue un crack con todas las letras. Un tipo divertido, buena gente y artillero implacable. Los defensores aún lo están buscando para ver si lo encuentran en el área… él ya salió hace rato festejando el gol...

Oscar desde chico cargó con un sobrenombre que le quedó para siempre. El "Chancleta" se hizo conocido a fuerza de jugar al fútbol y se convirtió en ídolo a puro gol.

José “Cacho” Cid es una leyenda viviente de nuestro motociclismo.


Falleció Carlos "Cacho" Chavero. Un crack y un señor dentro y fuera de la cancha. Nuestro respetuoso homenaje a un grande del fútbol y de la vida.



La historia de barrio San Martín. Todo un símbolo de quienes a partir del trabajo, construyeron su futuro.

Aquellos simples y hermosos juegos de nuestra niñez.

Un video recorriendo referencias históricas que muchos altagracienses aún hoy seguimos teniendo en cuenta.


Peleó el puesto con Mario Kempes. Jugó junto a Osvaldo Ardiles, Daniel Willington, Miguel Oviedo y José Omar Reinaldi. Enfrentó a Diego Armando Maradona. Se cansó de hacer goles y salir Campeón...