EN COLECTIVO RUMBO A LA HISTORIA

Cosas Nuestras 07 de enero de 2021 Por juan carlos
Los que durante años han tenido o deben viajar entre Alta Gracia y Córdoba saben de que hablamos. Viajar parado, apretado, aprender a dormir durante la hora y pico de viaje sin que nada se te caiga de las manos fueron artes que muchos tuvimos que aprender en cada colectivo.
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Los que durante años han tenido o deben viajar entre Alta Gracia y Córdoba saben de que hablamos. Viajar parado, apretado, aprender a dormir durante la hora y pico de viaje sin que nada se te caiga de las manos fueron artes que muchos tuvimos que aprender en cada colectivo.

El Transporte interurbano en Alta Gracia tuvo muchas etapas, varios nombres de empresas y distintos momentos. Desde la década de 1930, existen quienes han prestado este servicio.

Los románticos inicios

Los periódicos de los años 30, ya daban cuenta del servicio de transporte de pasajeros entre nuestra ciudad y la capital cordobesa. La demanda la cubría la empresa “Transportes Alta Gracia”, primera referencia en esta historia sobre ruedas. No mucho más tarde, el crecimiento de la ciudad obligaría a mejorar el servicio, aumentar el número de coches e incrementar los horarios.

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Fueron los tiempos de la “Rayo de Sol”. A partir de esta etapa, nos apoyaremos en las memorias de Francisco Garay, un conocedor como nadie de esta historia: “Mi papá fue guarda primero y chofer después de la Rayo de Sol, empresa que era de Rodríguez Ares, Fidalgo y Apfelbaum”. Pero la referencia va más allá de los nombres: “En aquellos tiempos, los ómnibus no eran como ahora. Muchos tenían la puerta delantera que se cerraba con dos hojas, y atrás una abertura grande luego del parante de la última ventanilla. Había un techo en bombé y atrás era todo abierto. En la ruta, era una ventolera y un polvaredal tremendo. Había un caño para que se agarrara la gente cuando bajaba. El guarda iba parado en la plataforma y tenía una cuerda con una campanita que adelante golpeaba para avisarle al chofer que alguien se estaba por viajar. Estaba abierto de los dos lados para bajar más rápido, y el chofer se podía arrimar a uno u otro cordón”. Impensable hoy, todo un lujo en aquellos tiempos...

Llega la Cotag

Corrían tiempos políticos que favorecían a los trabajadores. Así nace la “COTAG Limitada” (Cooperativa Obrera de Transporte Alta Gracia), de la mano de la política del peronismo. Todos los empleados pasan a a ser dueños. Comenzaron los años de la gran demanda. Alta Gracia crecía, Córdoba era un polo laboral importante, y contaba con una Universidad.

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Una cosa trajo la otra, y la empresa fue creciendo en horarios, personal y vehículos. “Se compraron los primeros Volvo, también llegaron ónmibus Perkins y los primeros Mercedes Benz, que se sumaron o fueron reemplazando a las unidades que ya había, de marcas como Chevrolet o Bedford”, sigue contando Francisco Garay.

Como fuera, mucha goma rodó por las rutas, con acontecimientos que marcaron un momento histórico, como la inauguración de la “nueva” terminal, en la esquina de Av. Sarmiento y Vélez Sarsfield. La Cotag tenía su taller ahí cerquita: justo al lado del ingreso al Sierras Hotel, por Sarmiento, donde ahora existe una confitería bailable.

FOTO 6 - TERMINAL-compressedVacas gordas, vacas flacas

Una jugada política y legal permitió en 1968 que Cotag pasara a convertirse en sociedad anónima. Nació así la “SATAG”, que usufructuó décadas de vacas gordas, con miles de altagracienses viajando a diario a la urbe capitalina por trabajo o por estudio.

Tiempos de dividendos que no se correspondieron con las inversiones. Cuando la crisis del 2001 azotó al país, encontró una empresa sin espaldas para soportarla. Su último día fue el 20 de julio de 2004. Con la Satag se fue la última empresa de Alta Gracia en hacer el servicio de tranporte interurbano. Hoy, la ruta la cubren sin dificultades y con horarios amplios, Sierras de Calamuchita y Sarmiento, ambas de capitales foráneos.

En el camino

Esta historia tiene varias aristas. Algunas de tinte histórico y otras, anecdótico. Para muchos, el devenir de las circunstancias del transporte fue un tratar de sobrevivir laboralmente hablando. Lo cuenta Francisco Garay, familiarmente relacionado con ésto: “Muchas veces, las empresas pagaban las indemnizaciones con coches, o rutas. Emilio Hee, por ejemplo, se quedó con la línea a La Paisanita y le dieron un coche. A mi viejo le dieron un ómnibus que era un Chevrolet 40, y la línea a Dique Chico. Fue entre 1957 y 1958. Luego, mi viejo le compra a Emilio la línea a La Paisanita y el ómnibus”. Y agrega: “Mi viejo había comprado un ómnibus para hacer turismo. A fines del 59 compra un Bedford 57, con todo el lujo de esos momentos. Era un coche bárbaro, el más nuevo que había en Alta Gracia y hacía excursiones a Catamarca, La Rioja, San Juan. En cada viaje que hacía se le rompía la caja. Lo terminó vendiendo y perdiendo todo. Luego le compró un ómnibus a la COTIL, al fiado, un Ford 51”. En fin, aventuras y desventuras de quienes nacieron para estar al comando de un ómnibus.

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Se anuncia el arribo del final

Toda historia tiene un final, y el de ésta la estamos escribiendo hoy. Por las distintas terminales de la ciudad pasaron todo tipo de coches trayendo y llevando pasajeros más o menos cómodos en su interior. Desde los primitivos ómnibus con volante a la derecha hasta los modernos con aire acondicionado y wifi. Con carrocería de madera o de chapa. Más lindos, más feos, mejores, peores. Nacionales, importados.

De todo hubo por las rutas desde hace más de ochenta años. A este repaso habría que agregarle las historias -miles- de pasajeros a lo largo del tiempo. Entre Alta Gracia y Córdoba se hicieron amistades, se estudió, y hasta se juraron amores eternos. Porque no se trata solo de viajar y nada más.

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