RECUERDOS DEL BAR DON MARIO

Por Iván Moreira (periodista y amigo)

Comercios con historia 13 de julio de 2020 juan carlos juan carlos
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Crecí caminando 2 cuadras, casi 3, todos los domingos para lo que algunos llaman “rito”, para ir a la cancha, con la diferencia que al estadio al que íbamos tenía una mesa cada 3 o cuatros butacas, contábamos con servicio personal bien al estilo de Europa, el baño era mucho más accesible, y teníamos la posibilidad de ver las repeticiones, siempre y cuando no tiraras algún vaso o cerraras los ojos en uno de los abrazos a la hora de gritar un gol.

Obvio que algunas contras, tenía. Cada tanto por el tema de los horarios te podía tocar que sacabas para un partido y cuando llegabas te encontrabas con otro, o por ahí te tenías que comer el final del TC. Ni hablar del humo del cigarrillo impregnado en la ropa.

Para ponerlos en contexto de tiempo, en una línea imaginaria, estamos parados en el momento en cual los visitantes podían ir a la cancha, parece tan lejos… creo que algo tiene que ver con lo que estoy contando, ahora que me doy cuenta.

En este estadio era difícil saber quién era local y quien visitante, especialmente en los clásicos. Pero se convivía, estaba todo bien, hasta los saludabas.

Siempre hubo cierto código futbolero en nosotros. Sabía que el rengo no era de mi equipo pero sabía que le gustaba el fútbol y por eso cada tanto lo veía sentado tomando un café leyendo el diario y relojeando a ver qué pasaba. Códigos que se reflejaban en miradas cuando llevabas a uno nuevo y según el resultado sabías, o te lo hacían saber, que la próxima no lo ibas a poder llevar.

Para ir tenías que consumir algo, aunque más de una vez alguno se quedaba misteriosamente afuera en la ventana mirando y gritando.

Volviendo a esas dos cuadras casi tres, no sé por qué pero era una mezcla de nerviosismo, ansiedad y miedo de no llegar para tener la misma mesa de siempre, por eso se salía temprano.

Algo que nunca me voy a perdonar es no haber puesto oposición mayor cuando cambiamos de bar, cuando nos fuimos al frente, a una estación de servicio, un lugar frío, ahí si a dos cuadras de casa. Cuando nos fuimos fue por una razón, los dueños habían cambiado y no eran de los mismos colores que nosotros, pero nunca supimos si los de la Esso lo eran, para mí que ni siquiera les interesaba el fútbol, era otra cosa.

Esa traición me cuesta mucho asimilarla, me avergüenza. Pero bueno, dentro de todo seguíamos yendo los domingos. Cambiamos el menú, había más diarios para leer, no lograbas una regularidad en el tema cábalas y eso quedó demostrado en la cancha, para mí que de alguna forma los jugadores lo sabían. Sabían que nos fuimos a ver los partidos a una estación de servicio al frente de nuestro bar de siempre.

2009, FUTBOL PARA TODOS! QUE BUENO! No se gasta más, empezamos a ver los partidos en casa, más tranquilos y todo eso que nos decíamos.

Que el fútbol sea para todos implica que en tu casa cualquier persona puede sentarse al lado tuyo y preguntarte cosas fuera de contexto y que vos no puedas hacer nada. O que tengas que atender el teléfono o el timbre a los 44 del ST, porque sí. Esas personas que llaman o tocan la puerta tienen un don para calcularle el tiempo exacto en donde el partido está por terminar y tenés más nervios que una colita de cuadril media trucha, de esas que si las examinás no sabés si es carne o algún bicho raro.

El fútbol no es para todos, es para los que se lo merecen, para los que hacen un esfuerzo para seguir a un equipo, hay radios, revistas, diarios, con eso quiero decir que podés saber cómo salió un partido, verlo en vivo no es para cualquiera.

El Fútbol Para Todos mató ese rito hermoso de ir a mi cancha a ver los partidos, al estadio BAR DON MARIO en el Crucero de Alta Gracia.

Estuve de viaje 3 meses en el exterior, cuando llegué, al otro día tuve que ir a Córdoba en un día normal, lindo. Cuando volví, le comenté al chofer que me bajaba en la próxima parada, el Crucero. El campeonato no había empezado todavía y eso que estábamos a fines de agosto, pero por un acto reflejo cuando bajo y empiezo a caminar miro para la derecha asomándome por la ventana para ver si había algún partido o para saber qué se estaba viendo. Y no había nada...

BAR DON MARIO mi cancha, mi estadio, mi lugar de madrugadas para ver a mi hermano llegando de joda y no dormir para ver un partido.

Muchísimas gracias por todo y mis más sinceras disculpas por haberte traicionado, espero que me sepas entender.

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