DE CUANDO ALTA GRACIA TUVO SU ESCUELA DE ENFERMERÍA

Marta Digionantonio nos cuenta la historia de esta histórica escuela.

Cosas Nuestras 01 de septiembre de 2020 juan carlos juan carlos
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Cuando promediaba la década del cincuenta, en nuestra ciudad nació la Escuela de Enfermería “La Cruz del Sacrificio”, fruto del trabajo arduo y voluntario de un grupo de excelentes médicos y profesionales de Alta Gracia.

Funcionaba en la Escuela San Martín y hoy, una de sus egresadas (dicho sea de paso, con promedio “10” y abanderada) fue Marta Digionantonio, es quien nos cuenta más al respecto: “Los enfermeros que había en Alta Gracia hasta ese momento se habían hecho en la práctica, trabajando en el viejo hospital y en los sanatorios para tuberculosos, que era el mal de aquellos años. A ellos los ayudaban las monjas, también a puro voluntarismo. La Escuela de Enfermería profesionalizó el oficio”.

Aquellos enfermeros vocacionales no alcanzaban a cubrir las necesidades de una ciudad que crecía, y ahora ya había una alternativa.

¿Quiénes eran los profesores? Lo cuenta Marta: “El Director era el Dr. Víctor Proto. Los profesores Eduardo Boucau, Emilio Sanchez, Roberto Cólica, José Suaid, Jorge Mazzucco, Jorge Salum, Horacio Pedemonte, Miguel Golokowsky, Gilberto Giovanoni, Raúl Sosa, Isabel de Barbeito, Cacho Nazar, Ruarte, Prieto, Polacov... todos nombres de grandes doctores que tuvo y tiene la ciudad”.

Marta fue alumna destacada y hoy, a la distancia de los años, se permite sentirse más orgullosa que nunca de aquellos años de estudiante.

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Marta, de abanderada de la Escuela de Enfermería, desfilando un 25 de Mayo.

“Hice mi secundario en el Nacional. Debo decir que no andaba bien. Sin embargo, en la Escuela de Enfermería, nada me costaba, nada era sacrificio para mí; lo disfrutaba muchísimo y por eso las notas que tuve y los años de profesión en un primer nivel de exigencia”.

Ella se recibió de muy joven, casi en forma paralela con el secundario. “Tenía 17 años cuando recibí el diploma, era de las más chicas. En mi promoción fuimos tres: Leonor Albertini, Elisa Toledo y yo”.

 Una carrera exigente

Estudiar enfermería no era soplar y hacer botellas. La carrera tenía 3 años de duración y era más que exigente. Y si no, repasemos el programa de materias:

1º Año: Salud Pública, Anatomía y Fisiología, Física y Química Biológica, Higiene, Microbiología y Parasitología, , Farmacología y Toxicología, Historia de la Enfermería, Deontología Profesional.

2º Año: Enf.Quirúrgica, Salud PúblicaEnfermería Clínica, , Oftalmología, Radiología, Otorrinolaringología, y Psicología.

3ª Año: Organización Sanitaria, Dietética y Arte Coquinario, Genito Unirinaria, Obstetricia, Ginecología, Psiquiatría, Neurología, Salud Pública, Puericultura y Niños.

O sea, se salía preparado para formar parte de los primeros niveles de equipos sanitarios.

“Además -sigue contando Marta- cada materia tenía un alto grado de exigencia en sus contenidos. Y cuando llegaba el momento de rendir, se rendía ante un tribunal donde había un médico especialista de cada materia, que venía de Córdoba”.

Cabe acotar que además, luego de recibidas, las egresadas debían ir a Córdoba a seguir estudiando y perfeccionándose.

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 Debut a los 14

Marta presenció su primera cirugía cuando solo tenía 14 años y era una estudiante de los primeros cursos de la Escuela. “Fue una cirugía de clavícula, me acuerdo. Yo era muy chica, y el Dr. Proto que me conocía y era el Director del Hospital, como estudiaba enfermería me propuso entrar a quirófano. Me preguntaron si quería estar.... y ahí fue la flaca. Todos pensaban que no iba a aguantar, pero ¡No se me movió un pelo!”

Quedaba claro desde ese momento que aquello era su vocación.

“A las prácticas las hacíamos en el viejo hospital del barrio Sur. Pero ya cuando iba a segundo año, todos los días de 7 a 13 iba a la Guardia, donde estaba el pensionado. Allí iba a aprender. Todo ad honorem, por supuesto. Fue muchísimo lo que aprendí en aquella guardia”, recuerda Marta.

Evidentemente, una enfermera no se hace de la noche a la mañana, y Marta es el más claro ejemplo de ello.

Trabajar, crecer

“Siempre aspiré a más. Quise siempre crecer en mi profesión y en la vida, y por eso tengo hoy el honor de decir que trabajé en lugares solo reservados para pocos, y junto a profesionales de primer nivel”, cuenta.

Marta trabajó en el Hospital Regional, en el Sanatorio Alta Gracia, en el Sanatorio Allende (“entré a trabajar en el segundo piso y a los seis meses me pasaron a terapia intensiva que por entonces era lo mejor que había en Córdoba”), en el Hospital Ferroviario de Córdoba y en el de nuestra ciudad. “Me recibí en 1960 y trabajé hasta 1992, cuando me acogí a un retiro voluntario”, cuenta hoy, satisfecha por el deber cumplido.

Pero lejos estuvo de quedarse en su título de Enfermera. Además, se recibió de Instrumentadora Quirúrgica en la Cruz Roja, Auxiliar de Anestesia y como si fuera poco, es Secretaria Médica, recibida en la UNC. Aquella “chica diez” hizo carrera en base a capacidad, humanismo y amor por la profesión.

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Nombres para recordar

Al cabo de los pocos años que funcionó la Escuela de Enfermería en Alta Gracia, fueron egresando estudiantes que terminaron siendo recordados enfermeros y enfermeras.

Marta cierra los ojos y piensa nombres de compañeros, de colegas, de amigas: “Carmen Vals (que una vez recibida fue Secretaria de la Escuela), Melba Seletti, Olga Pesek, Ida Di Gianantonio, Olga Oviedo, Nelly Segado, Carlos y Juan Ledesma, Marina Farías, Rosita Romero, Leonor Albertini, Marina Camarassa, María Díaz, José Ambrueso, Catalina Martínez, Argentina Alvarez, María González, Paula Argüello, Hayde Ramírez, Juan Silva...” y siguen los nombres.

Nos quedamos con las últimas frases de esta amena conversación con Marta, quien tiene claro varias cosas: “Habrá cada vez mejor tecnología, pero cuando una persona está internada o enferma, el factor humano es fundamental”.

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