CUANDO SANTI ORTIZ ESCRIBIÓ SOBRE LOS BARES, LA AMISTAD Y EL CIGARRILLO

Cosas Nuestras El miércoles Por juan carlos
Hoy, cuando Santiago Ortiz estaría cumpliendo años, recordamos un escrito que le regaló a Cosas NuestrasAG.
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Santiago Ortiz pasó todo tipo de barreras. No se quedó solamente en el músico; no se encasilló en el bajista talentoso ni se estacionó en un solo género musical.

Fue músico, poeta, librepensador, artista integral, escritor, conductor de radio y, sobre todo, un buen tipo a quien nunca le faltó tiempo ni actitud para ser una persona comprometida con la vida.

Santi fue de esas personas que cuesta creer que hayan partido. Uno prefiere pensar que se fue de gira y le estará poniendo música celestial a versos terrenales que algún día nos llegarán.

Como homenaje al artista y -sobre todo- al amigo, nos permitimos transcribir una pincelada ciudadana que alguna vez escribió Santiago, y que se titula:

 SOBRE LA PROHIBICIÓN DE FUMAR EN LOS BARES

Un café con amigos. Un bar. Una charla distendida y cálida. 

Pero tengo que interrumpirla, porque, fumador empedernido como soy, me está prohibido practicar mi vicio en lugares cerrados y públicos.

Salgo a la vereda, entonces. Hace frío.

Adentro, la charla sigue y escucho risas.

Junto con el recuerdo del tiempo en que se permitía fumar en los bares, me asalta la imagen de uno en particular. Ya no tiene el mismo nombre ni la misma apariencia, pero en la época de la que te hablo se llamaba El Quijote. 

Pienso, con el cuerpo y el alma medio congelados, que fue ahí, en El Quijote, donde la mujer que yo amaba y que todavía amo me habló de sus sueños. En una de sus mesas, envuelto en humo de cigarrillo, le prometí seguirla dondequiera que fuese. Envueltos en el mismo humo y el mismo amor nos encontrarás todavía.

Ahí, en El Quijote, la actriz Ely Eichemberger me presentó una tarde al escritor Oscar Salas. Envueltos en el humo del primer pucho que fumamos juntos estamos todavía, él y yo, saturados de música, libros y recuerdos.

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En El Quijote escuché a Emilio (nunca supe su apellido pero creo que sabés a quién me refiero) disertar sobre rock nacional con su dificultosa, tierna y extraña manera de hablar. Y ahí mismo Calabro se descalabró por primera vez ante mis ojos asustados. Envuelto en humo de mi Parissienne, el Sapo Barrandeguy me contó a borbotones la última idea delirante que lo andaba persiguiendo. Y Hugo Barrera me leyó uno de sus poemas, recién escrito. Fumando lo escuché, con los ojos cerrados. Todavía escribe Hugo, cuando yo escribo.

Ya sé, loco. Está muy bien que no se pueda fumar en los bares. Lo que pasa es que, mientras apago el pucho en la vereda, veo cómo, junto con el humo, se disipa rápidamente mi pasado en el aire purísimo, gélido y vacío de Alta Gracia.

 

Vaya esta página como homenaje a Santiago Ortiz, y a su obra. Abrazo grande, querido Santi!

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