HISTORIA Y LEYENDA DEL "COMEVIDRIOS" MONTI

Personajes 09 de diciembre de 2020 Por juan carlos
El "Tío" Monti tiene historias de todos los colores. El amigo Yacko Bijman nos cuenta sobre su vida y sus andanzas.
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El "Tío" Monti tiene historias de todos los colores. Este escrito nos lo envió desde lejanas tierras nuestro amigo Yacko Bijman. El nos cuenta sobre "el Comevidrios", y entra en el relato que siempre ronda entre la historia y la leyenda urbana con uno de los personajes más pintorescos que tuvo nuestra ciudad.

Hay muchas anécdotas sobre este muchacho "superdotado". En una oportunidad, remató rifas en el Centro Español, y a cada comprador le recitaba una original "payada". Vendió absolutamente todos los números y todo fue muy divertido. Pero lo que caracterizaba a este personaje era otra característica, menos poética, pero no menos llamativa.

Ernesto Montenegro, hijo único de padres alcoholistas,  para ir a la escuela caminaba más de 30 cuadras. Algunos días era su papá quien lo llevaba en un sulky. 

Así y todo, nunca llegó tarde , nunca faltó por enfermedad, nunca estudió y la única vez que saco un diez, fue cuando recitó de memoria el Martin Fierro sin ningún error, todas las estrofas. ¡Casi nada!

Como condiscípulo del séptimo grado no lo volvimos a ver, y se comentaba en el pueblo que se había aficionado a estudiar ciertas magias hindúes, y algunos aseguraban que era un fakir come vidrios.

La aparición de enanitos nocturnos que asustaban a caminantes trasnochados coincidió con su regreso al pueblo y fue  acusado de practicar magia negra. Acusación que -convengamos- nunca pudo demostrarse.

Una noche de copas, volví a encontrar a Ernesto, mi compañero escolar en lo que era el llamado Bar "del Turco Juan" en pleno centro, en la Avenida Belgrano. Hablaba coherentemente de cualquier tema, con una filosofía propia,  con fuertes y claras protestas sobre las costumbres del hombre. 

 Le pregunte por qué lo llamaban el "comevidrio" y me contestó con un pedido: "Jacobo, ¿puedes ahora conseguir una  hojita de afeitar?".

La presencia en el bar de este ya legendario personaje, atrajo a nuestra mesa a otros noctámbulos conocidos, y uno de ellos le hizo entrega de la hojita de afeitar. Nueva y en su envase original, por cierto. Ernesto retiró el envoltorio, mostró su lengua roja y limpia... Era una hoja de afeitar de acero, brillante. La introdujo en la boca y la masticó con toda la fuerza de sus músculos bucales.

Al cabo de un brevísimo tiempo, abrió su boca y mostró la lengua, que tenía múltiples pequeños cortes. Tomó un vaso de vino y... todo fue a depositarse en su estómago . 

A los pocos minutos, ya obnubilado por los efectos de los vinos tomados, pidió una lamparita de luz para hacer la demostración que lo hiciera popular. 

Ninguno de los presentes aceptó el convite.  Era demasiado para una noche.

Su muerte no fue ningún misterio. Murió por problemas en su estomago. Pero pasaron unos cuantos años para que ello ocurriera.

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Asado y juntada de amigos en el taller de Parisi. Entre los concurrentes, por supuesto, estaba el "Tío Monti". El "comevidrios", en la foto, es el único de los concurrentes que está sentado.

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