BICHO QUERIDO QUE ESTÁS EN LA MEMORIA

Personajes 09 de agosto de 2020 Por juan carlos
El Bicho Velázquez no era perfecto ni pretendía serlo. Tenía mil virtudes y mil defectos. Pero sería inconcebible pensar en describirlo sin sus luces y sus sombras. En la sumarresta de su vida, el saldo termina siendo positivo para el lado del buen tipo que fue.
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A lo largo de los años, Alta Gracia ha parido muchos personajes. Los ha habido de todos los colores, pero pocos como el Bicho Velázquez.

Es que el Bicho fue un personaje todas las letras. Un tipo querible y, de hecho, querido. Pero la idea de esta nota es hablar no sólo del personaje, sino también de la persona.

Su nombre completo era Edmundo Serapio Antonio Velázquez. Motivo por el cual adoptar el sobrenombre de “Bicho” (heredado de su padre, por cierto), no le vino nada mal.

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Quien mejor lo conoció es su hermana Amalia Cristina. Para ella su hermano fue todo, y de todo nos habla en esta charla compartida café de por medio.

“Si tengo que definirlo como hermana, fue el mejor. Fuimos muy unidos. De niños, vivíamos en la calle España y teníamos dos burras y jugábamos. Siempre juntos, nosotros dos y un amigo invisible que él llamaba Juan. Cuando tomábamos la leche, siempre mi mamá tenía que poner una taza extra para ese amigo invisible. 

Me llevaba a folclore, me acompañaba a lo de Marta Gonelli y era mi hincha número uno. Fuimos creciendo y nos mudamos a barrio Poluyán, donde mi hermano aprendió a tocar el requinto con la familia Albarracín.

Fue cuando se hizo bombero. Pero venía Doris Perazzo, su maestra de sexto grado mostrándole a mi mamá la libreta con las notas que él dibujaba y se armaba el lío. Fue bombero de muy chico, el jefe lo quería muchísimo".

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Junto a la Agrupación de Veteranos de Bomberos Voluntarios de nuestra ciudad.

Y el Bicho fue creciendo…

Unos años más tarde, la familia se mudó a calle México. Vivían al lado de lo que era la Rotisería Pedrín y el Bicho empezó a trabajar en la Ford. La anécdota cuenta que todos los días para ir, se tomaba el local donde ahora está la parada de taxis, para bajarse 30 metros más allá, en la Estación de Servicio. La idea era no caminar.

“Ramón Granados, el Tarro e Grasa Astudillo, los Chanquía padre e hijo fueron sus compañeros de trabajo allá. La Ford era de Adriano Carignani. Todos los días a las 11 de la mañana le llevaba un sándwich que le preparaba mi mamá. Más de una vez le preguntaba al Tarro e Grasa dónde estaba el Bicho porque no lo veía. Me decía: “shhhh, no hagás ruido que Adriano no lo vio…” y ahí estaba el Bicho durmiendo en la fosa porque había pasado de largo toda la noche”.

Así de personaje. Tan personaje que tenía más de 20 años y nunca se había animado a fumar delante de sus padres.

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Oreste (h) y Brian. El Bicho fue parte de los talleres Berta durante años.

Su relación con Oreste

Luego llegó el capítulo de su trabajo y relación con Oreste Berta. “¡Lo que lo habrá hecho renegar! Pero Oreste lo amaba, le perdonaba todo lo que le hacía… y le hacía de todo. Puede decirse que toda la familia Berta lo amaba. Los Berta y la familia Luppi puede decirse que fueron sus otras familias".

Una vez, Oreste, de tan harto que lo tenía, lo echó. Y el Bicho le dijo muy campante: “usted qué se cree? Que no voy a conseguir trabajo?”, y se fue a lo de Juan Cruz Faraoni, en Córdoba, como transportista. Llevaban cubiertas a todas partes. Incluso a lo de Berta. “Si no me lo pide, no vuelvo”, le dijo alguna vez… en fin.

Total que el propio Oreste lo “recuperó” para su taller, para que le organizara el museo… lo quería muchísimo. Cuando el Bicho murió, Oreste, su esposa Liliana y Cheryl estuvieron todo el día y toda la noche en su velatorio.

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Fue una de las personas que a Oreste "lo podía".

Y hablando de amigos

Si algo caracterizó al Bicho fue su facilidad para hacer amistades. Su carácter siempre alegre, su generosidad y su don de buen tipo hizo que nunca estuviera solo en materia amigos.

Claro que hubo amigos y amigos. “Con el gordo Eduardo Luppi eran uno solo. Eran hermanos. Cuando el gordo falleció, fue a La Gruta y lloró como nunca lo había hecho en su vida. Levantó su cara al cielo y pidió que lo llevaran junto a su amigo. ´Yo me voy con el gordo´, dijo”.

Cuenta Amalia que, por ejemplo, cuando el Gordo salía a la noche con Cuqui, su esposa, dejaba a las nenas al cuidado del Bicho. Y que ellas se divertían como locas con él.

Con Eduardo Luppi eran prácticamente hermanos. Tenían códigos de amistad tan fuertes que duraron toda la vida sin resquebrajarse. Cuando el Gordo corría en autos, el Bicho le preparaba el Gordini y además era su navegante. Imaginate lo que eran esos dos en plena carrera…

Una noche le pidió el auto a Reynaldo Luppi para salir con una chica. Al otro día, como el auto no estaba de regreso le pregunta y muy campante le dijo: “Ah.. tuve un choquecito”. Resulta que lo había dejado como un acordeón. Reynaldo le perdonaba todo…

Al Cardito lo conocía del barrio, de crecer juntos y de tener juntos muchas aventuras. De los carnavales… Porque el Bicho, Luppi y Garay se disfrazaban de cabezones. De ahí seguían la joda con El Cardito.

Una noche en los corsos, que tenían que actuar Los Visconti, se armó un lío bárbaro. Los Visconti querían cerrar la noche, y la gente pedía que cerrara El Cardito. Total que se armó una discusión en la que el Bicho, el Gordo y Garay terminaron a las piñas con los afamados músicos. Y el Negro Ramón cerrando la noche, obviamente. Fue una amistad muy fuerte. Incluso, más de una vez subió al escenario junto a Ramón, reemplazando al Lorito.

La historia marca que varios de ese grupo de amigos terminaron yéndose con relativamente poco tiempo de diferencia entre ellos. El Gordo Luppi, el Negro Ramón Farías, Juan Bustos… el propio Bicho.

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Amigos y más amigos

Nombramos al Gordo Luppi, pero lejos estuvo de ser el único de sus amigos. Entonces, hay que nombrar al Zurdo Quintana, a Paulino Quinteros, a Julio Ganancias, a…. siguen los nombres.

Cuentan que el Zurdo tenía una novia que se llamaba Rosa. Entonces el Bicho se vestía como Sandro, se subía a una mesa en El Templo, y le cantaba “Rosa, Rosa”…

Hablando de El Templo de la Música. “Mi mamá era la madrina del Templo de la Música. El nombre se lo puso el Bicho. Con el zurdo fueron muy amigos, muy compinches, muy de la noche y la bohemia”.

La propia Amalia cuenta que el Bicho era muy guardabosques. “Mi hermana para vos tiene bigotes”, le dijo alguna vez a Paulino Quinteros. Es que entre ellos, la palabra de un amigo era sagrada. Había códigos de amistad muy fuertes.

Contame una anécdota

Imposible resumir en un escrito todas las anécdotas del Bicho Velázquez. Pero intentaremos al menos conocer algunas.

“El tenía una novia y un día estábamos los tres en su casa. Era la hora de comer y el Bicho le dijo ´dejá, no te vas a poner a cocinar, salgo y traigo unos lomitos´. Y salió. Resulta que a la cuadra se lo cruza a Juan Sánchez que pasaba en el camión. ¿Qué hacés, Bicho? En un rato me voy a La Rioja… total que el Bicho se subió al camión y se fue con él!!! Como al rato bien largo recién llamó por teléfono para contar que estaba en la ruta, que pidiéramos algo para comer y que luego me volviera en taxi a casa…”

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O esta otra: “Cuando tuve a mi primer hijo, no podía darle el pecho y necesitaba por lo menos la leche especial que venden para los bebés. Mi hermano, muy chupado, dos de la mañana, aparece golpeando la puerta. ´Hermana… vengo con una amiga. Esta tuvo antes de ayer y tiene mucha leche…´. Andá a saber de dónde la había sacado!”.

Pero también tenía estas historias dentro de su casa: “Mi mamá renegaba para prender la cocina, y el magiclick era caro. Entonces el Bicho le armó una bicicleta, con un motorcito que producía una chispa. Ella se tenía que subir, pedalear y prender la cocina. ´Para qué vas a gastar al pedo.. mirá lo que te hice. Y de paso hacés ejercicio y mantenés las piernas´, le decía”.

El Bicho no era perfecto ni pretendía serlo. Tenía mil virtudes y mil defectos. Pero sería inconcebible pensar en describirlo sin sus luces y sus sombras. En la sumarresta de su vida, el saldo termina siendo positivo para el lado del buen tipo que fue.

El Bicho, las mujeres y el canto

Nunca se casó. La primera vez que se enamoró fue de una chica de Tucumán, pero la cosa no anduvo, no era para él y se dio cuenta a tiempo. Hasta ahí llegó esa historia. Eso lo marcó y nunca se casó por más que tuvo novias a quienes enamoró, pero con quienes nunca concretó.

Fue padrino de Marcos Di Palma (otra linda piedrita para la honda, dicho sea de paso) y en la casa de Luis en Arrecifes se puso de novio con una chica que tenía una fábrica de zapatos. Tampoco anduvo la cosa.

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Junto al Zurdo Quintana, Oscar Cuello, Juan Bustos y el Noni López

Al Bicho, además, le gustaba cantar. Y lo hacía bastante bien llegando incluso a cantar en Colectividades. Aquella noche fue “El Bicho y sus guitarras”. Claro sus guitarras no podían ser otros que el Zurdo Quintana y Gaby, su hijo. Sus tangos preferidos eran “Te parece todavía” y “Los Cosos de al lao”.

“Lo de cantar le vino de mi mamá que era de Tuclame en el norte cordobés y que tenía una voz maravillosa”, cuenta Amalia.

“El tema que él tomara me causó siempre mucho dolor. Pero nunca tuve vergüenza de él. A la hora que fuera, y donde fuera necesario cargaba a mi hijo chico en el auto y lo iba a buscar. Nunca me contestó mal. Nunca me reprochó que lo retara por eso. Jamás me dijo nada porque sabía que yo le decía las cosas porque lo quería y era por su bien”, dice tocando un tema ineludible también en la vida del Bicho.

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Se fue despidiendo de a poco…

Cuando se enfermó, su hermana lo llevó a ver a todos los médicos habidos y por haber. Pero por desgracia no había nada que hacer. Tenía cáncer de próstata, y se le había ido extendiendo.

“Cuando estuvo internado por primera vez, en el Hospital, me pidió que le llevara la guitarra y todas las noches eran de serenata. Caían a verlo el “Toto” López, Julio Ganancias y varios más. Arrastraba el gancho del suero y se iba con ellos a tocar. ´Acá hay que alegrar a la gente, hermana´", me decía.

El velorio del Bicho fue memorable. La familia Luppi dispuso para él la sala del fondo, la misma donde habían velado a su amigo, el Gordo. Se pusieron a disposición de Amalia y su familia y corrieron con todos los gastos. Hubo vino, guitarras y música. Mucha música. Durante toda la noche hubo cantores despidiendo al amigo. “Se tomaron hasta el agua de los pollos, pero.. ¡qué les iba a decir, si fueron amigos de toda la vida!”.

Aquella noche hubo tres bandoneones y muchísimas guitarras. Luego, entraron todos a cantar a la sala velatoria y lo despidieron como a él le hubiera gustado. Tenía 69 años. Se fue un 4 de mayo de 2017.

Hoy, las cenizas del Bicho descansan junto al Gordo Eduardo Luppi. Los amigos siguen juntos el recorrido…

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