CONTAME.... A VOS, ¿QUIÉN TE CORTABA EL PELO?

En COSAS NUESTRAS le hacemos pelo y barba a la memoria de la ciudad.

Cosas Nuestras 25 de agosto de 2020 juan carlos juan carlos
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Los peluqueros y las peluquerías forman parte del paisaje urbano de Alta Gracia, como de cualquier pueblo o ciudad en el mundo. Frente a sus espejos, peluquero y cliente improvisan en cada corte una sesión de psicología popular. Charlan, hacen chistes, cuentan chismes, se acuerdan de sus parientes y amigos y crean una empatía que en pocos otros lugares se logra.

En Alta Gracia, a la hora de repasar los nombres y las historias de quienes han abrazado esta profesión a lo largo de los años, habría que remontarse a los primeros años del Sierras Hotel. El establecimiento, como no podía ser de otra forma, contaba con peluqueros y peinadores para atender a su distinguida clientela sin que tuviera que dejar los salones del fastuoso complejo hotelero. Aquellos primeros peluqueros del Sierras, es un hecho que existían y que cobraban suculentas propinas (además de un buen sueldo) de parte de sus ocasionales y adinerados clientes.

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Pavone,el primero parado a la izquierda, de guardapolvos, junto a sus compañeros del Hotel Suizo.

Pero si a la ciudad (o la villa, por ese entonces) nos remitimos., bueno es repasar lo escrito por don Oscar Ferreyra Barcia que en su “Volviendo al pasado”, relata de manera magistral lo que sus ojos de niño observaron en Alta Gracia cuando llegó allá por el año 1916. En su recorrida, nos cuenta que “A mitad de cuadra de calle San Martín está la peluquería de don Salvador Freytes que junto a Don Pascual Mezzulo y a Don Sebastiano Pavone, un siciliano llegado hacía muy poco de Italia, eran los peluqueros más antiguos que tenían en la villa sus salones de cortar el pelo y afeitar”. Es más, agrega que “Mezzulo tuvo además una peluquería con el ostentoso nombre de Al Divino Botón”.

Por aquellos tiempos, el mismo Sebastiano Pavone, citado más arriba, instalaba su sillón de peluquero en un pequeño local que pertenecía al Hotel Suizo. Más tarde se mudaría a la primera cuadra de la actual calle Prudencio Bustos para estar al frente de “La Boheme”, un salón de gran fama por aquellos años. Este tema, más que muchos otros, merece apoyarse en la memoria de muchos amigos pasando datos, recuerdos y nombres que nutren el escrito.De eso se trata, esto de rescatar historias…

¿Y a vos… quién te cortaba el pelo?

Como dijimos, a la hora de repasar nombres de peluqueros y peluqueras de Alta Gracia, recurrimos a la memoria de amigos.

Pepe Valdez cuenta: “A los seis años ya me manejaba solo por el centro. En la calle San Martín estaba Said Najle. Donde actualmente está la heladería había una típica casa antigua, con puerta grande a la calle, pasillo con puerta cancel y dos habitaciones a los costados. Ellos abrieron las ventanas, las hicieron puertas e hicieron dos arcos en el pasillo. Entrando, a mano derecha era la peluquería de Don Najle y del otro lado, con cortina de tiras de plástico, estaba su hermana que hacía los helados. Estamos hablando de inicios de los años cincuenta, y él siempre recomendaba qué ponerse en el pelo. Por ejemplo, el fijador o la gomina, que venía en un sobrecito y vos lo tenías que preparar con agua en tu casa. Te quedaba como un engrudito”.

La zona céntrica tuvo a lo largo de los años varios salones donde cortarse el pelo o hacerse la barba. Por allí estaba don Camilo Valls, en la avenida Belgrano, unos metros más arriba de lo que hoy es la esquina con Olmos, en un local cercano a la chacinería de Cantú. Valls se especializaba en pelar a los bebés, algo a lo que no cualquiera se le animaba.

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Uno de los hermanos Cocache, símbolos de peluquería en la ciudad.

También estaba Don Fenando Pugliese en la calle San Martín 159, frente al Club Central. Fue otro de los pioneros en la peluquería de la ciudad. Entre otros, le enseñó la profesión y el oficio a Raúl Cortez, otro peluquero mítico que sentó sus reales por barrio Sur. En la calle Mateo Beres casi llegando a Liniers estaban los hermanos Cocache. “Metían miedo de grandotes que eran. Uno tenía bigote, imponían cuando vos eras chico”, cuentan los que los conocieron. La realidad es que eran buenazos y marcaron toda una época en el oficio.

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Salón de peluquería y barbería «La Boheme». Un lujo de espejos y muebles de época.

El arte de ser peluquero

Entrar a una peluquería era como ingresar a un santuario. Los peluqueros en esos tiempos se vestían con delantal largo como si fueran maestros. Eran peluquerías y barberías, que tenían un aparato que era como un marciano cabezón, que se abría y adentro estaban los fomentos, unos paños calientes que humectaban. Era una especie de calefactor para mantener los fomentos calientes.

Y en ese contexto, bueno es seguir repasando nombres… También en la Belgrano, subiendo del correo viejo, pasando la casa Okamoto, estaba Román y con él, un señor bajito llamado Villarreal. Era entre otras cosas quien siempre llevaba la bandera en el desfile del Escuadrón de la Virgen cada 24 de setiembre. El era el segundo sillón de esa peluquería.

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Don Pedro y Rubén Genekián, padre e hijo en una profesión que trascendió generaciones.

Siempre por Belgrano, más arriba tenía Don Pedro Genekián, papá de Rubén (también peluquero), con quien compartía salón. Don Pedro trabajaba junto a su esposa que ofrecía productos de lencería en el mismo local. Estaban donde hoy es Panificación AG, en Belgrano y San Martín. Fue tal vez la primera peluquería unisex que hubo en la ciudad. Rubén su hijo aprendió el oficio y además peinaba a mujeres. Tenía su local en la Galería Aion, pero también cortaba y peinaba a domicilio. Casi al frente de Rubén, estaban Pocholo Villalón y su mujer (la Ñata), que eran peluqueros de mujeres (hoy diríamos coiffeurs).

“Por la Avenida Belgrano florecían las peluquerías a mediados del siglo pasado. Estaba también instalado Don Juan Cascardo. ¿Dónde? En la entrada al Salón de los Billares del Petit Colón. Allí, habían hecho un divisorio y estaba su peluquería de Cascardo, que luego fue de José Sapuppo”, nos sigue aportando Pepe Valdez.

Allá por barrio Norte

Si hablamos de barrio Norte, justo es decir que Audino Vagni tiene mucho que contar: “Pancho Garay era un peluquero que iba con su valijita y cortaba el pelo a domicilio. Y si no, cortaba en el bar de mi padre, bajo la parra, donde tenía su clientela”. Pero no solo recuerda a Garay: “El Negro Heredia fue mucho después. Antes, donde tenía la ferretería Geremía (Paraguay y Nahal), estuvo el Chivo Accardo. Por la zona también tuvimos a Orlando, que era un italiano que tenía la peluquería en calle Paraguay, antes de llegar a Uruguay, donde hoy funciona un Rapipago”, cuenta apelando a su memoria prodigiosa. Quien escribe estas líneas, recuerda a Don Pardo, un español que iba con su bicicleta recorriendo la ciudad buscando ganarse el peso cortando el pelo a chicos y grandes. Imposible no recordarlo.

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Andrés Heredia. Para muchos, «bizcocho quemado», famoso peluquero de barrio Norte.

Más acá en el tiempo

La ciudad fue creciendo, y el noble oficio del peluquero tuvo muchos otros intérpretes que dejaron sus nombres grabados en la memoria popular. De esta manera comienzan a aparecer salones de belleza o peluquerías ya más cercanas. Injusto sería no no nombrar a quienes siguieron o continúan hoy en la profesión.

A ver… por ejemplo, Lilo Vagni, por cuyo salón pasaron varias de las mejores peinadoras de la ciudad,como Edith Bogado, Gloria, o Silvia Bonadies. Donde hoy es el Paseo Nicolasa, Lilo sentó sus reales y marcó una época. Dicho sea de paso, Lilo y Edith fueron peinadores de los actores del Elenco Municipal de Teatro de Alta Gracia. Pero sigamos repasando nombres. El recordado René Coraza (cuya vida tuvo un violento y horrendo final) tenía su afamado salón en calle Arzobispo Castellanos.

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Lilo Vagni. Y junto a él, Gloria, Edith Bogado y Silvia Bonadies.

Ya que estamos en barrio Sur, digamos que una de las decanas peluqueras y peinadoras de la ciudad estuvo en calle Liniers: Ana María Román. En avenida del Libertador, el Salón Acuario, con Ana María Bodoira y Teté Sosa también ha sido y es estandarte de belleza a la hora del cabello bien tratado. Volviendo para el centro, en la segunda cuadra de calle Urquiza está Eduardo, quien le supo transmitir el oficio a sus hijos y continúa con su peluquería. Alguien nos sopla al oído, “no te olvides de Mingo Gómez”, y cumplimos en recordar al peluquero artista.

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Carlos Ipharraguerre. El «Pelusa» fue uno de los íconos de la zona del Alto.

Otros nos recuerdan que Roque Pedernera, tuvo su peluquería en la calle Paraguay y después en la Agustín Aguirre y Paraguay. Su hijo también fue peluquero. Hoy, hasta una plazoleta lleva el nombre de un peluquero: Carlos “Pelusa” Ipharraguerre, mítico peluquero del Alto que cortaba en Pellegrini casi Achával Rodríguez. En fin… así hasta nuestros días. Podríamos dar muchos nombres y contar infinidad de historias.

Sabrán perdonar si muchos quedaron fuera de la nota. Será en el próximo corte…

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