FLACOS ABSTENERSE (GUÍA PARA GOLOSOS)

Cosas Nuestras 17 de septiembre de 2020 Por juan carlos
Una nota dirigida a quienes disfrutamos de las dulzuras de la vida. Extractada del libro "TIEMPOS VIEJOS (pero no tanto)".
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Nosotros los golosos siempre, siempre tendremos un espacio bien grande reservado para todos aquellos que durante años nos han deleitado con sus productos. Helados, masas, facturas, maniceros, caramelos, bombones, todas cosas que engordan, a veces hasta hacen mal y están prohibidas, pero que tanto nos gustan.

Soy de la época en que La Merced era de los Najle pero se llamaba Santa Rosa. Helados como pocos en el mundo, los que fabricaba don Said allá por la calle Lucas V. Córdoba casi Mansilla. Por una de esas casualidades que harán que uno nunca pierda esperanzas en el destino, estaba cerquita.... muy cerquita de mi casa.

Los vecinos del barrio se acordarán siempre de Don Najle, de su esposa y de su hermana, doña Hermosa (en realidad su nombre de origen libanés era otro, pero con un sonido bastante parecido, y a ella no le disgustaba para nada que le dijéramos así). Cuando pibes, esperábamos que no fuera ella quien atendiera porque nos daba helados “muy chicos”. En fin, cosas de mocosos...

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La Santa Rosa tenía la otra casa allá en la San Martín, donde ahora también se llama La Merced. Allá estaba (y está) Elo, el hijo mayor de Don Said. Yussi atiende en la que decíamos arriba.

Pero no eran los únicos helados “made in” Alta Gracia que daban que hablar. Los que fabricaba y vendía Renato en San Remo no se quedaban atrás. Además, te daba la oportunidad de comerlos en la confitería en pleno corazón del centro. 

Pero no sólo de helados vivíamos los golosos de la ciudad. Cuando chico (muy chico) recuerdo que alguna vez comí bombones de “La Cinta de Agua”, que estaba ubicada en la primera cuadra de la calle Olmos, frente a donde hace un tiempo estaban los Tribunales. Hoy funciona una casa donde pueden escucharse dulces sonidos de instrumentos musicales.

En materia de masas finas, mis preferencias se repartían entre las que fabricaba La Europea y las que vendían en Lübeck, frente a la Plaza Solares. En realidad, era incapaz de poder rechazar cualquiera de ellas.  

Más tarde, La Europea fabricó allá en la Belgrano uno de los alfajores de maicena más ricos del país, producto muy codiciado en los recreos del viejo Colegio Nacional.

¿Pensaban que iba a olvidarme de los “maniceros” de La Francesa? Ni loco... espectaculares, como su pan de panchos...

No recuerdo, sinceramente, una caramelería o algo así. Al menos hasta que apareció Suyai con sus dulzuras. Lo que sí tengo presente es que cuando chicos comíamos los caramelos “Golazo”, los chicles jirafa y algunos todavía recordamos entre sonrisas el extraño e incomparable sabor de los caramelos “Media Hora” (con respecto a los Media Hora, vengan de a uno que los peleo). 

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Seguramente usted, amigo lector, tendrá mucho, mucho más para agregar en este tan dulzón...

Y bueno.... nosotros los golosos siempre tendremos un espacio en nuestro corazón (y en nuestra panza) para aquellos que nos endulzaron la niñez.

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