


Alguien en quien confiar (a mi padre)
juan carlosFrases sentidas que hace algunos años, con él en vida, le escribí a Esteban, mi padre. En el Día de los Inmigrantes, vaya el homenaje para él y para todos los que llegaron a esta tierra a labrarse un futuro a fuerza de trabajo y sacrificio.

Si hay alguien en quien confío, ése es Esteban.
Con sus virtudes y defectos. Con sus días de gloria y sus jornadas para el olvido.
Fresco, franco. Algo republicano, algo franquista. Frontal, Esteban. El que se las bancó a todas sin recular. ¡Si ni siquiera hoy deja de ponerse rojo de bronca cuando se acuerda!
Profundo. Taciturno. De pocas palabras, Esteban. El de las verdades a flor de labios. El que no necesita del diccionario para hacerse entender.
Hoy, con sus setenta y pico, mezcla de recuerdos y presentes en la gran tómbola de su vida. Y mientras por su rostro convergen mil arrugas, en su corazón laten fuertes, erguidas sus experiencias vividas.
¡Esteban! Si hasta tiene sonrisas para regalar a esta altura del partido, cuando el árbitro ya le marcó el descuento y le cobraron un penal en contra.
Esteban. Con E de ejemplo. Con E de emigrante. Pero también con M de mío. Esteban con M de montón de cosas vividas, gozadas y sufridas. Con M de mucho. Demasiado, diría si no comenzara con otra letra...

Pero... ¿quién es Esteban? ¿Cuál es su historia? ¿De que se trata su vida?
Esteban. Esteban el hombre. Esteban el torero. Esteban el curtidor. El almacenero. El rabdomante. Esteban el empresario. Esteban el jubilado. El padre, el hijo y el Esteban espíritu tal vez no demasiado santo.
Esteban el sufrido. El que nunca derramó llanto a la vista de los demás. El que aprendió que los golpes, la vida te los da donde duele y tenés que bancarlos.
Esteban el alegre. El que siempre sonríe. El que entendió que la vida es una sola y está hecha para vivirla.
Esteban el que lucha. El que nunca se rinde. El que no puede ni sabe quedarse callado. El que se levanta después de cada tropiezo. Esteban el de mil levantadas. Esteban el de mil caídas.

Esteban el refugiado cuando el 36 irrumpió a fuego y sangre por las calles de su España.
Esteban el laburante, cuando había que matar el hambre con el lomo y el sudor.
Esteban el inmigrante. El de una mano atrás y otra adelante. Y si no hay... ¡a aguantar!
Esteban el esposo. El padre. El que sacrificó sus sueños por un futuro ajeno, pero querido.
Si hay alguien en quien confío, ése es Esteban.



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