Con brillo propio: el hermoso e imponente Chalet Badillo

Esta majestuosa construcción está ubicada frente al parque del Sierras Hotel. Más concretamente en la esquina de Franchini y Massenet.
CHALET BADILLO-compressed

Esta majestuosa construcción está ubicada frente al parque del Sierras Hotel. Más concretamente en la esquina de Franchini y Massenet.

Hoy mantiene su belleza al haber sido reciclada hace algunos años. En la fotografía (cedida por Sara Salgado)  muestra su imponencia allá por el año 1912. Tiempos aquellos en que acaudalados (pero enfermos) aristócratas de Buenos Aires venían buscando salud a esta tierras.

Al caserón se lo conoció como el “Chalet Badillo”, ya que fue precisamente esta familia de Buenos Aires quien la hizo construir buscando que su hija se curara gracias al aire de nuestras sierras.

Pero como siempre, son los lectores quienes nos ayudan a construir y reconstruir las historias de la ciudad.
“Yo la conocí como chalet McKinley”, nos aportó Nadia, una amiga. Y enseguida se sumó otra que hizo la correspondiente aclaración: “Ahí  vivieron los McKinley pero  antes era de una familia de Buenos Aires, que venían con todos sus terribles niños en vacaciones y para Carnaval era imposible pasar por allí porque no perdonaban a nadie con sus baldazos de agua”, escribió Pochi. (¿se habrá referido a los Badillo?). En fin, historias dentro de las historias, como nos gusta  decir...

Y siguen los aportes para redescubrir la historia detrás de las añosas paredes del viejo y hermoso chalet. “Ahí vivieron un tiempo los hermanos McKinley, que iban al Anglo. Horacio era mexicano; Carlitos, guatemalteco; Isabel, que me enseñó como se decía el gentilicio de los nacidos en Guatemala, no me acuerdo”, aporta Luis, generoso en el recuerdo.

El dato es engrosado enseguida  por Ricardo: “Con uno de los Mc Kinley íbamos a lo de Mr. Aurich para conversar en  inglés”.

Con el paso de los años, y luego de haberse mostrado caído y desvencijado, manos laboriosas y con un bolsillo evidentemente gordo, pudieron ponerlo nuevamente como lo que siempre fue: un palacete urbano símbolo de una época en que Alta Gracia era vista como la tierra prometida que brindaba el aire que necesitaban pulmones cansados de tanto toser.

Te puede interesar

Newsletter

Te puede interesar